{"id":941,"date":"2014-07-28T01:31:56","date_gmt":"2014-07-28T01:31:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.edgarvidaurre.org\/?p=941"},"modified":"2018-03-31T15:33:10","modified_gmt":"2018-03-31T15:33:10","slug":"diario-de-un-piano-abierto-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/edgarvidaurre.org\/?p=941","title":{"rendered":"Diario de un piano abierto I"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"twitter-share\"><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?via=evidaurre\" class=\"twitter-share-button\" data-size=\"large\">Tweet<\/a><\/div>\n<p><a href=\"https:\/\/www.edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/piano-2.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-942\" src=\"https:\/\/www.edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/piano-2.jpg\" alt=\"piano 2\" width=\"599\" height=\"381\" srcset=\"https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/piano-2.jpg 599w, https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/piano-2-300x190.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 599px) 100vw, 599px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8230; Estaba amaneciendo y sonaba la Rapsodia Megruly tocada por una pianista Georgiana. Sue\u00f1o de vigilia sobrevenido, que revocaba la sensaci\u00f3n de individualidad. Una experiencia religante, total. Como tener el mar en la parte m\u00e1s alta del sue\u00f1o&#8230; o el soplo del sol en la ventana abierta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy vino Giorgio Verona a afinar el piano\u2026yo le dije al entrar \u2013 no creo que est\u00e9 muy desafinado, pero ahora que estoy estudiando con m\u00e1s persistencia, quisiera concentrarme sobre todo en el sonido- Cuando puso el diapas\u00f3n electr\u00f3nico se r\u00edo, me mir\u00f3 y me dijo \u2013 los pianistas tambi\u00e9n se desafinan con el tiempo y de manera solidaria con su piano: esto est\u00e1 absolutamente desafinado-.&nbsp;Cuento esto, porque esa verdad me conmovi\u00f3. Siento que efectivamente, uno se desafina\u2026 la fuerza y las vibraciones que determinan al universo, a este planeta y a toda la creaci\u00f3n, es una fuerza vinculante ineludible, infalible. Somos nosotros quienes nos empe\u00f1amos en separarnos, en romper con esa fuerza vinculante y armonizadora. Creemos que somos individuales y \u00fanicos, pero somos tan polvo estelar como el m\u00e1s alejado cometa en los confines de lo que llamamos universo.&nbsp;Cuando termin\u00f3 de afinar el piano, entend\u00ed todo. Al tocar los acordes, los arpegios, la armon\u00eda que resonaba, los maravillosos arm\u00f3nicos, las notas en correspondencia absoluta, un sonido abarcante, m\u00faltiple y univoco al mismo tiempo, una vibraci\u00f3n en \u201cconcertante\u201d espl\u00e9ndida y maravillosa, en donde mi propio cuerpo dej\u00f3 de ser solamente mi cuerpo para ponerse a resonar con esa vibraci\u00f3n.&nbsp;Lo \u00fanico malo si se quiere ver (aparte de tener que pagar la cuenta), que me ha dejado esta experiencia an\u00edmica, por su contenido de humildad y de certeza en la determinaci\u00f3n de esas fuerzas invisibles, ha sido la sensaci\u00f3n de que ser\u00eda demasiado orgullo pretender que uno (aunque se pueda sabotear y desafinar constantemente) se pueda afinar a s\u00ed mismo. No s\u00e9 c\u00f3mo ni de qu\u00e9 manera, pero al igual que mi piano, espero por esa presencia afinadora y afinante, que con esa paciencia sabia y persistente que tienen los afinadores de instrumentos, haga sonar y resonar estas cuerdas gastadas con aquello que vemos cuando cerramos los ojos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>F\u00fcr Alina<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una ventana abierta<br \/>\nLejos de los muros y de las paredes<br \/>\nS\u00f3lo esta ventana abierta<br \/>\nElla no vendr\u00e1<br \/>\nPorque el pensamiento es una flor blanca<br \/>\n-margarita que persiste en el jard\u00edn-<br \/>\nComo el recuerdo de su mano<br \/>\nPeque\u00f1as cosas de tierra<br \/>\nY esta onda de agua apenas perceptible<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>-No volver\u00e1 a sucumbir<br \/>\nSobre el perfume de los prados<br \/>\nPorque ella ha amado demasiado<br \/>\nHela aqu\u00ed mezclada con el aire<br \/>\nNo visible a los ojos del cuerpo<br \/>\nSin palabras&#8230;sin palabras<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>F\u00fcr Aline II &#8211; Arvo P\u00e4rt (&#8230;&#8221;la hoja de hierba tiene el mismo estatus que la flor&#8221;)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En estos d\u00edas estoy estudiando nuevamente la sonata \u201cLa Tempestad\u201d de Beethoven, y tengo casi todo el primer movimiento en las manos y en el coraz\u00f3n\u2026sin embargo, aprovechando el tiempo extra que la gracia me ha permitido, por fin he cumplido un anhelo. El de estudiar F\u00fcr Alina de Arvo P\u00e4rt. Y digo esto, porque pude memorizar cuatro p\u00e1ginas y media con cambios de \u201ctempo\u201d, arpegios, pulsaciones extremas, corcheas, semi-corcheas, cruce de manos y digitalizaciones complicadas con la tempestad de Beethoven. M\u00e1s sin embargo, ese humilde, simple y esencial \u201cCanon\u201d que contiene la pieza de P\u00e4rt, ese sonido de peque\u00f1as campanas ascendiendo y descendiendo en perfecta &#8220;correspondencia&#8221; con esa doble octava profunda y densa, sin mayor complicaci\u00f3n, sin tener ni siquiera una notaci\u00f3n o medida de comp\u00e1s espec\u00edfica, me ha costado mucho\u2026 algo as\u00ed como reconocerse uno mismo desde la sombra hasta la m\u00e1s tenue y fr\u00e1gil luz. Como una vela encendida que es capaz de alumbrar a la noche absoluta\u2026 como entender por fin al dolor y no sufrir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">F\u00fcr Alina III<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La belleza no retorna\u2026siempre ha estado all\u00ed, a veces imperceptible. Hoy entend\u00ed algo que ha permanecido oculto, pero que ha vuelto a mi memoria, a mi vivencia. Era una ni\u00f1a ciega y por esa condici\u00f3n con caracter\u00edsticas autistas. Yo tendr\u00eda como veinte a\u00f1os y la madre de una alumna me recomend\u00f3 como profesor de piano. No hubo palabras\u2026nunca. Yo me sentaba al piano para ejemplificar y luego le tomaba las manos para ense\u00f1arle las notas. Ella avanz\u00f3 bastante como para tocar el adagio de alguna de las sonatinas de Mozart. Pero eran las peque\u00f1as piezas que Bela Bart\u00f3k compuso para ni\u00f1os lo que la llevaba transida a su mundo interior. En ese momento, no hab\u00eda nada que se interpusiera entre su coraz\u00f3n y las manos. As\u00ed el tocar las teclas, su contacto, era un acto \u00edntimo, indescriptible. Nada que lo visible pueda explicar. Ante el despojo que me ha producido la lectura de F\u00fcr Alina, esto se me revela como una verdad conmovedora y al mismo tiempo insoportable. He tardado casi cuarenta a\u00f1os para entenderlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La piel del piano&#8230; F\u00fcr Alina IV<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el borde de la abertura ella me hablaba de \u201cla piel del piano\u201d F\u00fcr Alina de Arvo P\u00e4rt. Casi se pod\u00eda oler el aroma de esa piel. Pero el aroma es lo sublimado, m\u00e1s all\u00e1 de lo que toca la mano\u2026 la esencia. Quien podr\u00eda tocar ese cuerpo inasible, imponderable? Algo qued\u00f3 entonces grabado en el alma, en silencio, en secreto. Esa octava doble, grave, profunda, sosteniendo el sonido del cielo: \u201cta\u00f1ido de peque\u00f1as campanas\u201d, ese tintinnabular delicado\u2026 pero ha sido hoy que lo entend\u00ed, porque el alma tambi\u00e9n tiene piel: la piel del alma. Esta revelaci\u00f3n me llega de manera polar. Pues ahora, en mi retorno al piano, s\u00f3lo me obsesiona el sonido, la calidad de la vibraci\u00f3n. De manera por dem\u00e1s asombrosa, ese sonido, esa vibraci\u00f3n, esa piel inasible y transparente, solo aparece y se hace&nbsp;visible desde las entra\u00f1as, desde la sombra, desde la ra\u00edz. Sentido abarcante, cuya \u00fanica manifestaci\u00f3n para nosotros es la resonancia, el esplendor, la belleza. Lo supe cuando tuve que desentra\u00f1ar mi piano, abrirlo, purificarlo desde adentro, darle luz desde lo m\u00e1s oscuro del arpa y las maderas. Por eso hoy evoco su piel\u2026la piel del piano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8230;retomando el piano, me maravillo de procesos tan diversos y a veces tan polares (seguramente todos valederos). Algunas piezas o autores exigen para interpretarlos que uno se revista, se vista&#8230; casi para el momento y la ocasi\u00f3n. En cambio, hay piezas (no importa si sencillas como &#8220;la canci\u00f3n del peque\u00f1o Iv\u00e1n&#8221; de Kachaturian o dif\u00edciles como algunos estudios de Chopin) en donde uno tiene que desnudarse. Quitarse toda la ropa, desnudarse por completo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy naci\u00f3 Schumann. La vida es una amplia y abarcante ondulaci\u00f3n que nos envuelve&#8230;que nos regresa siempre a la belleza. En su honor veo y escucho ese romanticismo que se parece tanto al sonido del agua en todas sus manifestaciones: serenas, amargas, iridiscentes\u2026 he aqu\u00ed y ondulando sobre la Kreisleriana del Maestro, al gato de la bella Helene que mi gata tambi\u00e9n percibe&#8230; y es la misma ondulaci\u00f3n que Schumann recogi\u00f3 y devolvi\u00f3. Helene la replica y yo, que acabo de ser ba\u00f1ado por su ola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8230;anoche me dorm\u00ed con el sonido de Piazzola. Volv\u00ed a so\u00f1ar v\u00edvidamente. M\u00e1s all\u00e1 del puente, el ruido de las aguas, cercano e inalcanzable. Oblivi\u00f3n perpetuo donde lo so\u00f1ado es m\u00e1s verdad que la luz<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">**<\/p>\n<p>&#8230;esta ma\u00f1ana amanec\u00ed con la belleza que otorga. Ahora atardezco con la misma belleza&#8230;pero m\u00e1s honda, azul. Una vibraci\u00f3n indescriptible. Hoy no toco piano. Me voy a leer a Don Robert Graves<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estaba escuchando una clase magistral del Maestro Cortot en el piano. Una muchacha desesperada le ped\u00eda luces sobre una pieza de Schumann. El cerr\u00f3 los ojos entonces. Los abri\u00f3 de nuevo y le dijo: \u201cAqu\u00ed se necesita crear la sensaci\u00f3n de un sue\u00f1o&#8230;en verdad, lo que usted necesita es so\u00f1ar esta pieza, en lugar de tocarla\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">**<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estoy re-estudiando un preludio del clave bien temperado de Bach. El \u00fanico que no tiene la impronta italiana de ese libro. Confieso que tuve que parar. Despu\u00e9s de tanto tiempo, hoy lo entend\u00ed. Confieso tambi\u00e9n que me invadi\u00f3 una sensaci\u00f3n indescriptible\u2026inefable. Me di cuenta que estaba solo. Tener a alguien con quien compartir experiencias de contenido esencial e inefable, es sin duda un tesoro. Pero a veces pienso que ese tesoro est\u00e1 tan oculto y enterrado que no hay mapas ni rutas que te indiquen su existencia perdida. Como esas ilusiones \u00f3pticas que tienen los peregrinos del desierto, cuya sed los hace ver oasis que no existen&#8230; por otro lado como dec\u00eda el Maestro Nietzsche y su Zaratustra: &#8220;el valor de un ser humano, se mide por la cantidad de soledad que es capaz de soportar&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El preludio No 13 de Chopin\u2026<\/p>\n<p>Las vidas se cruzan.<br \/>\nEstremecimiento de las aguas<br \/>\nQue traspasa las miradas<br \/>\nT\u00fa no sabes por qu\u00e9 est\u00e1 aqu\u00ed<br \/>\naunque lo hayas esperado toda la vida<br \/>\nPero no te importa. Es aqu\u00ed,<br \/>\nJusto en el borde donde percibes el olor de su coraz\u00f3n inalcanzable<br \/>\nEsa rama humilde pero intensa que se despliega en la belleza<br \/>\nY su sombra en el medio de tu rostro<br \/>\n&#8230;Este es el instante de la Rosa.<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8230;Escuchaba la m\u00e1s delicada sonata de Scarlatti, se me ahog\u00f3 el coraz\u00f3n. Treinta y nueve a\u00f1os. Donde estar\u00e1s ahora \u201cChe Pykasumi\u201d. Los ojos a\u00fan pueden ver un leve, casi imperceptible temblor en la sombra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8230;Quer\u00eda aferrarme a ese sonido. Pero a veces no se puede, no se debe retener. Porque nos desborda. Corre a trav\u00e9s de uno y nos atraviesa para seguir m\u00e1s all\u00e1 de uno&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy encontr\u00e9 una grabaci\u00f3n hecha en un antiguo piano Bosendorfer imperial (incluso distorsionada) de la Masurka No 4 Op. 17 de Chopin, cuya imagen reproduce su cara en la piedra permanente y perpetua. Esto contrastaba con la fugacidad y profunda levedad de la Masurka. Vino entonces a mi memoria el mayo de 1995. Par\u00eds fue para m\u00ed un punto de inflexi\u00f3n. Acababa de recibir la revelaci\u00f3n de la \u201cM\u00fasica incesante de los \u00e1ngeles\u201d, que tuvo San Gregorio cuando cre\u00eda estar escuchando el aliento perpetuo alrededor de lo inefable. Sin embargo como jam\u00e1s en vida manten\u00eda el paso pegado y lento sobre la tierra. El hecho de estar arrastrando la pierna izquierda de manera irreversible, activ\u00f3 esa conciencia del paso que lo precede todo\u2026incluso lo an\u00edmico. Estaba con la pianista Coromoto Livinalli y fuimos al cementerio de Pere LaChaise a echarle flores a la tumba de Abelardo y Elo\u00edsa (he debido decir Elo\u00edsa y Abelardo). Caminando en silencio por ese camino de flores y piedras me top\u00e9 de manera sobrevenida con la tumba de Chopin. Una sola rosa blanca en un vasito de cristal en la base. Tantos mensajes, postales y cartas se mezclaban con flores secas en la parte de la repisa que divide las esculturas de la durmiente y la que est\u00e1 a\u00fan m\u00e1s arriba\u2026me imagino que el \u00e1nima de Chopin. Al contrario, fue en ese momento en que la m\u00eda toc\u00f3 tierra. Creo que Coromoto toc\u00f3 levemente mi hombro en medio del silencio. Ah\u00ed tom\u00e9 conciencia de que Chopin estaba muerto, que ya no estaba, que no pod\u00eda mirarlo a los ojos. Esta vez no hubo agua, viento ni fuego\u2026solo tierra. Tierra sobre los ojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">**<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie llega al cielo por el solo acto unilateral de la &#8220;Gracia&#8221;&#8230;la Gracia es un logro. Por eso alcanzar el cielo es un acto de entendimiento sobre el sentido de los ascensos y de los descensos. Este logro (el cielo o la Gracia), se alcanza descendiendo a lo m\u00e1s hondo, a lo m\u00e1s interno. Todo en el alma y en el cuerpo (incluyendo sus mutuas relaciones), es un proceso de intensas correspondencias. Schubert, lo sab\u00eda cuando escribi\u00f3 este impromptu.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211; &#8230; Estaba amaneciendo y sonaba la Rapsodia Megruly tocada por una pianista Georgiana. Sue\u00f1o de vigilia sobrevenido, que revocaba la sensaci\u00f3n de individualidad. Una experiencia religante, total. 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