{"id":820,"date":"2014-04-17T14:14:50","date_gmt":"2014-04-17T14:14:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.edgarvidaurre.org\/?page_id=820"},"modified":"2018-02-24T00:44:52","modified_gmt":"2018-02-24T00:44:52","slug":"la-tierra-y-el-amor-una-acto-de-fe","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/edgarvidaurre.org\/?page_id=820","title":{"rendered":"La tierra y el amor&#8230;un acto de fe"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"twitter-share\"><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?via=evidaurre\" class=\"twitter-share-button\" data-size=\"large\">Tweet<\/a><\/div>\n<div style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/www.edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/caracola2.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-821\" src=\"https:\/\/www.edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/caracola2.jpg\" alt=\"caracola2\" width=\"720\" height=\"480\" srcset=\"https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/caracola2.jpg 720w, https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/caracola2-300x200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/a><\/div>\n<div style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Me he despojado de todo para volver a ti<\/em><br \/>\n<em> Hemos de palidecer bajo este sue\u00f1o sobrenatural<\/em><br \/>\n<em> Ayuntando con la tierra<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Panay\u00eda &#8211; EV<\/p>\n<p>Los antiguos griegos, los alquimistas, los m\u00edsticos y \u00faltimamente algunos astrof\u00edsicos, han cre\u00eddo con inagotable fe, que la tierra es uno de los elementos constitutivos de la creaci\u00f3n. Que junto con el agua, el aire, el fuego y su combinaci\u00f3n, se logra la transformaci\u00f3n de la formas, su integraci\u00f3n en un todo y que a la inversa, cuando separamos los elementos constituyentes deviene la desintegraci\u00f3n, la fragmentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>San Pablo en su carta a los hebreos (11:3) cuando nos hablaba de la tierra, como la manifestaci\u00f3n de lo visible, nos dec\u00eda que <em>\u201cPor la fe entendemos que el universo fue preparado por la palabra inefable, de modo que lo que se ve no fue hecho de cosas visibles.\u201d<\/em>\u2026esta revelaci\u00f3n, resuena de manera total con lo que el santo dice sobre el amor en su carta a los corintios (13:1-13) y que se puede resumir en una sola de sus frases: <em>\u201cel amor todo lo cree\u2026\u201d<\/em><\/p>\n<p>El amor para mi entonces es el atributo alqu\u00edmico m\u00e1s importante del ser humano, pues por \u00e9l y en \u00e9l participan todos los elementos, acrisolados por su fuerza unificadora.<\/p>\n<p>En estas cr\u00f3nicas sobre el amor y los elementos, que he venido escribiendo, cuando confesaba -en un acto de fe y de amor- mi condici\u00f3n de n\u00e1ufrago venido de la tierra de la soledad a trav\u00e9s del elemento agua, tuve la revelaci\u00f3n de que el camino de las aguas nos conduc\u00eda a la esencia\u2026que el Agua es el camino y que su verdad es revelada en su manifestaci\u00f3n m\u00e1s interna y secreta a trav\u00e9s de los ojos de una mujer:<em> \u201cEs por el agua que comienza la tierra\u2026 pronto vendr\u00edan el fuego y otro viento marino de sal y de perfume de certeza. Los cuatro elementos concurriendo en la orilla de mi isla\u2026 Como toda experiencia m\u00edstica, termino sucumbiendo a lo inefable, termino creyendo con fe en esa experiencia vinculante para iniciar en su sonrisa y en sus ojos el camino de retorno desde lo m\u00e1s esencial, lo m\u00e1s humilde\u2026&#8221;<\/em><\/p>\n<p>En cuanto al fuego, la visi\u00f3n apasionada \u2013 y de que otra forma podr\u00eda ser trat\u00e1ndose del fuego- me llevaba a sentir que: <em>\u201cHombre afortunado yo, que desde las sombras y la soledad de mi vida ha visto surgir la m\u00e1s asombrosa de las revelaciones: el fuego no puede tener otro s\u00edmbolo m\u00e1s exacto que el amor. Aunque la revelaci\u00f3n a veces no es suficiente para creer, siempre aparecer\u00e1 ella en silencio, con su sonrisa inexorable para revocar el momento de las incertidumbres: fuego encarnado capaz de quemar todas mis dudas.\u201d<\/em><\/p>\n<p>Ya sobre el aire, como elemento constitutivo del amor, entend\u00eda que \u00e9ste tambi\u00e9n es vuelo, que es alado, que el ave F\u00e9nix sucumb\u00eda al fuego para resurgir de sus cenizas, que deven\u00eda en ave del para\u00edso, para recobrar la tierra perdida, la tierra prometida\u2026 lo que me hizo declamar a los cuatro vientos que:<em> &#8220;El amor es libertad, es la absoluta libertad&#8230; con mucha fe, me declaraba \u201cesp\u00edritu libre\u201d, como claro presentimiento de lo inminente. Que esa fe inquebrantable est\u00e1 contenida y colmada en la mirada de una mujer susurrante que me est\u00e1 ense\u00f1ando la ruta de regreso al para\u00edso, que toma mi mano en un gesto de alianza infinita revirtiendo de manera total el G\u00e9nesis y el drama de mi vida fragmentada en un retorno cierto y a\u00e9reo que me sumerge fecundante y ebrio en su flor m\u00e1s secreta\u2026&#8221;<\/em><\/p>\n<p>Ahora que hablo de la tierra, entiendo que la tierra tiene nombre de mujer, pero mi nombre tambi\u00e9n es tierra. No soy griego, alquimista, m\u00edstico, astrof\u00edsico y mucho menos santo, pero como hombre y poeta s\u00e9 y tengo la certeza de que la tierra es el origen y el principio, que he sido gestado y estoy transido de tierra. De ella vengo, en ella estoy y hacia ella me dirijo. Cuando lo inefable separ\u00f3 el Cielo de la Tierra, se reserv\u00f3 para s\u00ed el Cielo, pero nos dio la Tierra por heredad, la tierra mansa, iluminada, inocente, ed\u00e9nica, paradis\u00edaca. Fue sin embargo al fragmentarnos, al dividirnos, al forzar nuestra integridad para entregar buena parte de la vida a la duda, a la conciencia del bien y el mal, cuando dejamos de ser, cuando dejamos de creer, cuando perdimos nuestra consistencia, cuando fuimos expulsados del centro.<\/p>\n<p>En un esfuerzo por desentra\u00f1ar el misterio de lo terrestre, escrib\u00ed unos versos a la <strong>Panay\u00eda<\/strong>, (la Sacrosanta, la contenedora, la consoladora), bajo la premisa de que mi primera morada fue una mujer, que mi v\u00ednculo con la vida y con la tierra es una mujer y que mi destino tambi\u00e9n es una mujer. Mi hermana Ruth, en su infinita generosidad escribi\u00f3 sobre estos sentires que: <em>\u201cno es posible quitarle a estos versos su profunda pertenencia libre a la tierra. En cada uno de ellos se la invoca, se la seduce, se la posee sin poseerla, a\u00fan se la contiene y como si se tratara de una grandiosa amante, tambi\u00e9n se la reclama, confront\u00e1ndola y haci\u00e9ndole saber a cada instante que estos textos son de ella por la m\u00e1s libre de las elecciones: la del amor incondicionado tras larga meditaci\u00f3n, y como en todo buen amor, posee esa cualidad de c\u00edrculo que nace y se acrecienta en s\u00ed mismo, incorporando en \u00f3rbitas sucesivas, aconteceres, tiempos y espacios cada vez m\u00e1s f\u00e9rtiles y abarcantes\u2026\u201d<\/em><\/p>\n<p>Lo inefable, lo creante, nos entreg\u00f3 la tierra para que la am\u00e1ramos en correspondencia a su infinita capacidad nutricia y de contenci\u00f3n, siendo la manera m\u00e1s esplendorosa y consistente de hacerlo, el amarla en su advocaci\u00f3n m\u00e1s perfecta y que se encarna en la mujer. Y es por eso que para asumir el amor, debemos desnudarnos, despojarnos de todo, que nuestro contacto sea directo, como lo hac\u00edan los antiguos sabios al caminar descalzos sobre ella. San Pablo en esa carta maravillosa que mencionamos sobre el Amor dec\u00eda que <em>&#8220;A<i style=\"color: #000000;\">unque tuviera toda la fe, una fe capaz de mover monta\u00f1as, si no tengo amor no soy nada<\/i>\u2026\u201d<\/em> Tal vez por correspondencia impl\u00edcita se podr\u00eda afirmar que ese amor si no est\u00e1 precedido, envuelto y sucedido de fe y de certeza tampoco nos sirve de nada.<\/p>\n<p>Creer en la tierra como lo visible es creer en las fuerzas que no vemos. Creer en el amor, es creer en el otro y creer en el otro es amarlo en libertad. La vivencia del amor nada tiene que ver con la posesi\u00f3n, la duda, la dependencia, el mero placer o el apego. El ser humano tiene los atributos de la luz y de la sombra, del bien y del mal, del cuerpo y del alma. Pero estos atributos no son excluyentes entre s\u00ed, sino conformadores de una unidad viviente, en permanente correspondencia y transformaci\u00f3n. El hombre que no integra y no entiende que debe vivir con la integridad de todos sus atributos vivir\u00e1 parcialmente, y por ende ser\u00e1 incapaz de vivir con plenitud, de amar con plenitud. Y es el Amor lo que lo integra. Ver la tierra y creer en ella, es respetar esas leyes invisibles que la armonizan y la sostienen. Dudar de ellas la llevar\u00e1 a su desintegraci\u00f3n. La relaci\u00f3n entre la tierra y el amor es pues un acto de fe.<\/p>\n<p>A lo largo de mi (ya larga) vida, la mujer -con sus equivalentes de para\u00edso, desterrante, orificio de fracturas, tierra, deseo santo, vida y muerte- ha sido el objeto central de mis aconteceres dolorosos o regocijantes, y aunque ella aparece como la hendidura a trav\u00e9s de la cual vinimos del vac\u00edo primordial hacia lo contingente, es tambi\u00e9n la puerta redentora del retorno hacia la totalidad.<\/p>\n<p>Por eso el amor a la tierra y a la mujer, no es un amor que se queda en lo visible. El amor como acto de fe, est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la llama. No es una simple contienda entre dos sexos, en donde uno de ellos es tolerante o intolerante frente al otro. Mucho menos de una decisi\u00f3n sobre la supremac\u00eda, generosidad o mezquindad entre g\u00e9neros. Muy por el contrario, el Amor es la firme posici\u00f3n \u00e9tica que nos pone sin distinciones frente a frente con los or\u00edgenes, al misterio que subyace en la creaci\u00f3n para no debatirnos en la duda. S\u00f3lo el amor nos da la certeza decisiva frente a los fen\u00f3menos de la construcci\u00f3n y de la destrucci\u00f3n, con una potencia creadora que nos trasciende y sobre la cual recae su infinito acatamiento agradecido\u2026y en mi caso, agradecimiento a esta tierra que no s\u00f3lo ha sido mi madre, sino tambi\u00e9n mi hermana, mi novia, mi amante, mi sanadora.<\/p>\n<p>Tal vez para cerrar el c\u00edrculo de los elementos conformadores del amor, a mi proclama de viento que hiciera para declararme \u201cesp\u00edritu libre\u201d, cabr\u00eda a\u00f1adirle una proclama de tierra en donde afirmo al tiempo que pido con toda mi fe, que mi cuerpo es mi alma y mi alma mi cuerpo. Que el amor que me rige -sin condiciones y sin dudas-, no me deje nunca fingir o vivir lo parcial. Que nunca llegue el d\u00eda en que deje de ser en integridad, pues me estar\u00e9 desvinculando del todo. Que lo femenino-tierra me acoja en sus infinitos caminos, que nunca deje que mi certeza y mi fe se acaben, que nunca dude de mi entrega. Que aun teniendo mis pies sobre la tierra y mis ra\u00edces m\u00e1s hondas arraigadas en sus sombras, ese \u00e1rbol de mi vida se levante indetenible e inexorable hacia la luz para cumplir sus ciclos y ofrendar generoso sus flores y sus frutos, pero sobre todas las cosas, que jam\u00e1s olvide que el amor es libertad\u2026la absoluta libertad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Me he despojado de todo para volver a ti Hemos de palidecer bajo este sue\u00f1o sobrenatural Ayuntando con la tierra Panay\u00eda &#8211; EV Los antiguos griegos, los alquimistas, los m\u00edsticos y \u00faltimamente algunos astrof\u00edsicos, han cre\u00eddo con inagotable fe, que la tierra es uno de los elementos constitutivos de la creaci\u00f3n. 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