{"id":79,"date":"2011-05-09T03:59:03","date_gmt":"2011-05-09T03:59:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.edgarvidaurre.org\/?page_id=79"},"modified":"2018-02-24T00:24:32","modified_gmt":"2018-02-24T00:24:32","slug":"cronicas-de-budapest-y-hanna-szenes","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/edgarvidaurre.org\/?page_id=79","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas de Budapest&#8230; y Hanna Szenes"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"twitter-share\"><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?via=evidaurre\" class=\"twitter-share-button\" data-size=\"large\">Tweet<\/a><\/div>\n<div id=\"post-body-6573656211922139227\"><a href=\"https:\/\/1.bp.blogspot.com\/_Xa5n432iHE4\/R_7mHJXYdzI\/AAAAAAAAAKE\/yU1HoZj-Q7M\/s1600-h\/hanna.jpg\"><br \/>\n<img decoding=\"async\" id=\"BLOGGER_PHOTO_ID_5187836831224854322\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/1.bp.blogspot.com\/_Xa5n432iHE4\/R_7mHJXYdzI\/AAAAAAAAAKE\/yU1HoZj-Q7M\/s400\/hanna.jpg\" alt=\"\" border=\"0\"><\/a><\/p>\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi llegada a&nbsp;<em>Budapes<\/em>t fue justo el d\u00eda de la transici\u00f3n entre octubre y noviembre en la plena entrada del solsticio de invierno. Sin embargo para m\u00ed, lejos de una vislumbre invernal, esa marca, ese hito tuvo un significado de purificaci\u00f3n, de redenci\u00f3n sobre aquello que estuve llamando por m\u00e1s de 23 a\u00f1os&nbsp;<em>\u201cmis Idus de octubre\u201d.<\/em> Esa noche lo celebr\u00e9 con un ramo de flores que le compr\u00e9 a la luna en el&nbsp;<em>caf\u00e9 Vian<\/em>. Uno de los muchos caf\u00e9s que se encuentran en el centro de la ciudad, cerca del O<em>ktogon <\/em>(plaza que une las principales calles de la ciudad de Pest, en forma de estrella de ocho puntas). Como era oto\u00f1o franco, las antorchas nocturnas estaban prendidas en todo su esplendor para darle calor a los solitarios de la madrugada. Hab\u00eda estado en las lecturas de poemas que se realizaron en el teatro&nbsp;<em>Lizt<\/em> en medio de los ecos de vocalizaciones de arias antiguas y de una joven de ojos semicerrados que tocaba un soneto del&nbsp;<em>Petrarca<\/em> al piano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esos poetas h\u00fangaros tan maravillosos:&nbsp;<em>L\u00e1szl\u00f3 K\u00e1lnoky, S\u00e1ndor We\u00f6res, J\u00e1nos Pilinszky<\/em> y la bell\u00edsima&nbsp;<em>\u00c1gnes Nemes Nagy <\/em>quien escribi\u00f3: \u201c<em>Hay que aprender de los \u00e1rboles de invierno. Ese cubrirse hasta los pies de escarcha. Inamovibles cortinajes. Hay que aprender la franja donde el cristal ya humea, y el \u00e1rbol va cruzando la neblina como los cuerpos la memoria. Y tras los \u00e1rboles el r\u00edo, las alas silenciosas de los \u00e1nades, la cegadora noche azul y blanca donde hay paradas cosas en capuchas. Hay que aprender aqu\u00ed los gestos inenarrables de los \u00e1rboles\u201d<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero sobre todo la conmovedora poes\u00eda de&nbsp;<em>Attila J\u00f3zef<\/em>, quien vivi\u00f3 en una extrema pobreza para suicidarse entre las ruedas de un tren despu\u00e9s de haber escrito este poema:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Fugaces recuerdos, \u00bfen d\u00f3nde desaparecisteis? Mi coraz\u00f3n, pesaroso, quiere echarse a llorar. Ya no puedo vivir sin vosotros. Lo que mis manos tocan no toca ya mis manos. \u00bfAcaso no soy digno de jugar otro poco? \u00a1Fr\u00e1giles mariposas, venid, volad aqu\u00ed! Fugaces recuerdos, soldaditos de plomo que tanto anhel\u00e9 otrora y cuyas bayonetas supe enderezar \u00a1Turcos, b\u00f3ers, venid, rodeadme aqu\u00ed! \u00a1Oh, ca\u00f1oncitos, formad las bater\u00edas! Tan pesaroso est\u00e1 mi coraz\u00f3n\u2026 \u00a1Ay, defendedme!<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n en la tarde, detr\u00e1s de un prado de amapolas tard\u00edas entramos a la casa-museo del poeta&nbsp;<em>Mih\u00e1ly V\u00f6r\u00f6smarty<\/em> para leer y escuchar los recitales pautados. Y he aqu\u00ed que muy retirado del recinto principal, en un peque\u00f1o rinc\u00f3n, estaba una placa en conmemoraci\u00f3n de la poetisa&nbsp;<em>Hanna Szenes<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese descubrimiento eclips\u00f3 todo lo dem\u00e1s. Los palacios imperiales a las orillas del Danubio, La citadella, la bas\u00edlica de San Esteban, la iglesia de Matias, El Parlamento, las exquisiteces gastron\u00f3micas de la comida Magiar, la belleza de las muchachas h\u00fangaras, el olor de las frutas en el mercado, los museos, el brillo en los ojos de esta juventud tan ajena y el contraste con toda la nostalgia barroca de la ciudad se esencializaron en ese rinc\u00f3n envejecido y olvidado.&nbsp;Junto a la fotograf\u00eda de la poetisa estaba un peque\u00f1o esbozo biogr\u00e1fico, en donde a t\u00edtulo de hero\u00edna de guerra y debajo de todos los manuscritos oficiales estaban los 29 poemas que escribi\u00f3 durante su intensa vida (1921-1944). De origen Jud\u00edo, aunque educada en escuelas protestantes cristianas (fue proverbial su enamoramiento de&nbsp;<em>Jes\u00fas<\/em> como hombre) a partir del a\u00f1o de 1933 en que se instaura en Hungr\u00eda&nbsp;<em>la Kristallnacht<\/em> o uni\u00f3n con el bando alem\u00e1n de la guerra, se hace activista y lider sionista de los jud\u00edos de la Europa Oriental. Presionada por el estallido franco de la guerra y bajo la esperanza de la resurrecci\u00f3n de su pueblo emigra a Palestina y se dedica a la creaci\u00f3n de los primeros<em>Kibuts<\/em> agr\u00edcolas en lo que ser\u00eda el futuro Israel. All\u00ed empieza con sus maravillosos poemas escritos en la ciudad de&nbsp;<em>Cesarea<\/em> y su diario maravilloso e intenso\u2026 lleno de fuerza y feminidad. Es aqu\u00ed en donde se encuentran las mayor\u00eda de sus 29 poemas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>En los fuegos de la guerra<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>En los fuegos de guerra, en un incendio, en la pira, entre los tempestuosos d\u00edas de sangre, enciendo mi peque\u00f1a l\u00e1mpara, para buscar, buscar a un hombre. Las llamas de la pira sofocan mi l\u00e1mpara, la luz del fuego ciega mis ojos; \u00bfc\u00f3mo podr\u00e9 mirar, ver, conocer, reconocer a alguien cuando est\u00e9 a mi lado? Pon una se\u00f1al, Dios, ponla en su frente, para que en el fuego, en el incendio y en la sangre reconozca el centelleo puro, eterno, que he buscado: un hombre<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><br \/>\n<\/em><\/strong><strong><em>No est\u00e1s sola<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>No est\u00e1s sola. Aqu\u00ed est\u00e1 tu mar que te preguntar\u00e1 con su tierno murmullo por los sue\u00f1os de tu camino, por tus deseos.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>Esperaron tu llegada<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Todos esperaron: la costa, la arena, las rocas, las olas y el mar. Lo sab\u00edan con seguridad: una noche oscura llegar\u00edas. A lo alto, miles de ojos celestiales entienden a sus dos compa\u00f1eros que robaron del mar infinito\u2026 una l\u00e1grima.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>Marcha a Cesarea<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dios m\u00edo, que no termine nunca la arena y el mar, el murmullo del agua, el rayo del cielo, la oraci\u00f3n del hombre.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta hermosa mujer, que ten\u00eda sobre sus espaldas y sobre su alma la traves\u00eda esperanzadora de aquellos que emigraron a tiempo y se salvaron del H<em>olocausto<\/em> y en el preludio de los fines de la guerra, decide sin embargo y ante la detenci\u00f3n de su madre y numerosos amigos, regresar a Hungr\u00eda. Se alista para ello en las filas rumanas y se lanza en una operaci\u00f3n de paracaidistas aliados hacia los cielos de la l\u00ednea fronteriza h\u00fangara, para ser apresada por la GESTAPO esa misma noche. Tras un juicio sumario, y con tan solo 23 a\u00f1os de edad, fue fusilada junto con el resto de paracaidistas prisioneros. Dos horas antes de su ejecuci\u00f3n nos dej\u00f3 este poema:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>En la c\u00e1rcel<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Uno\u2026 dos\u2026 tres\u2026 ocho pasos de largo, dos de ancho\u2026 La vida se cierne sobre m\u00ed como un interrogante. Uno\u2026 dos\u2026 tres\u2026 Quiz\u00e1 otra semana. O el fin de mes a\u00fan me encuentre aqu\u00ed. Pero sobre mi cabeza\u2026 la nada. Ahora, en julio, cumplir\u00eda veintitr\u00e9s a\u00f1os\u2026 Escog\u00ed n\u00famero en un juego arriesgado. El dado da vueltas. He perdido.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi llegada a&nbsp;Budapest fue justo el d\u00eda de la transici\u00f3n entre octubre y noviembre en la plena entrada del solsticio de invierno. 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