{"id":704,"date":"2013-12-04T08:43:27","date_gmt":"2013-12-04T08:43:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.edgarvidaurre.org\/?page_id=704"},"modified":"2018-02-24T00:29:40","modified_gmt":"2018-02-24T00:29:40","slug":"el-aire-elemento-primordial-o-la-mujer-de-viento-susurrante","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/edgarvidaurre.org\/?page_id=704","title":{"rendered":"El aire, elemento primordial o la mujer de viento susurrante"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"twitter-share\"><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?via=evidaurre\" class=\"twitter-share-button\" data-size=\"large\">Tweet<\/a><\/div>\n<p align=\"right\"><a href=\"https:\/\/www.edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/viento20cabelloyd2.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-705\" src=\"https:\/\/www.edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/viento20cabelloyd2.jpg\" alt=\"viento20cabelloyd2\" width=\"300\" height=\"225\"><\/a><\/p>\n<p align=\"right\"><i>\u201cHe intentado escribir el Para\u00edso:<\/i><\/p>\n<p align=\"right\"><i>No te muevas. Deja que hable la brisa suave. <\/i><\/p>\n<p align=\"right\"><i>Ese es el Para\u00edso&#8221;.<\/i><\/p>\n<p align=\"right\"><b>Ezra Pound<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En estos d\u00edas voy a entrar en los sesenta a\u00f1os de existencia. Punto esencial de mi vida en donde siento de manera muy cierta la vertiente que expresa todas las energ\u00edas del alma, despu\u00e9s de este recorrido que ha sido largo, intenso y muchas veces doloroso. Y es en este punto, en este hito donde empiezo a entender &#8211; con una sabidur\u00eda que me rebasa en todos los sentidos -, qu\u00e9 es el Para\u00edso: \u201cRetornar\u201d a esa pureza de los inicios, como si fuera el primer hombre venido de la tierra. Ese hombre al que el soplo del creador le insuflara la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bajo el influjo de estos sentires, veo claramente como ese elemento de la creaci\u00f3n: <b>El Aire<\/b>, es que el que otorga y sostiene la vida, el que lo anima todo, el que rige su ritmo y su oscilaci\u00f3n, el que marca nuestra propia respiraci\u00f3n. Desde su gruta, el profeta Eliseo no encontr\u00f3 la voz del creador en el fuego, ni en la fuerza tel\u00farica de la tierra, ni en las aguas: El aire sigue siendo aquel elemento que persiste y sostiene a la creaci\u00f3n desde sus inicios: <i>la presencia de Dios, est\u00e1 en el susurro.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En medio de mi auto-impuesta soledad, que proclamaba todas las b\u00fasquedas, llego a este punto de manera inocente, completamente desnudo al encuentro de todas las certezas o al punto central que las convoca. Sitio exacto en donde una mujer que como dir\u00eda el poeta, <i>no ha sido profetizada, ni lisonjeada, ni esperada,<\/i> me susurra debajo de un \u00e1rbol este canto: \u201cR<i>etorna el ave al vuelo del para\u00edso&#8230;Susurro pasillos, pisadas de encuentros. Amalgama un sendero en la hierba que nace al&nbsp;encuentro con la Huella. El sol replicante en el rostro de alma. Pulsa la brisa el despertar&nbsp;sonoro del \u00e1rbol sombreado\u2026\u201d<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este susurro <i>sonoro del \u00e1rbol sombreado&nbsp;<\/i>que se desprende en secreto de sus labios como la manzana original, ha revocado irremisiblemente y para siempre mi auto-impuesta soledad, para convertirse en el camino de retorno al origen, al <b><i>G\u00e9nesis<\/i><\/b>, al inicio de todos los inicios: <i>No es bueno que el hombre est\u00e9 solo <\/i>(G\u00e9nesis 1, 25-19)<i>, <\/i>piensa el creador y a trav\u00e9s del sue\u00f1o, saca de lo m\u00e1s profundo de su pecho a esa mujer que ser\u00e1 su compa\u00f1era. En el G\u00e9nesis, esta se convierte en carne de su carne y hueso de sus huesos. Salida de s\u00ed mismo, desde su propio interior, de su punto m\u00e1s secreto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es sin embargo y podr\u00eda jurarlo (investido de la certeza \u00fanica e irrepetible que me hace asumir con toda la potencia que el amor otorga a esta mujer susurrante), que mi retorno, mi regreso al origen, mi G\u00e9nesis, no se revela por su salida hacia el afuera de m\u00ed mismo, o como una extensi\u00f3n de mi carne y de mis huesos. Nada tiene que ver con ese exilio que provocan las salidas, el desmembramiento dram\u00e1tico con el que se inicia la b\u00fasqueda eterna e inalcanzable de la plenitud perdida, cuya \u00fanica evidencia es una herida en el costado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la inversa de lo que narra el G\u00e9nesis y con el asombro que apenas permiten mis ojos abiertos a la vivencia m\u00e1s viva (y no so\u00f1ada), esta mujer de carne y hueso y por sus propios pasos, atraviesa dulcemente y hacia adentro, esa herida en el costado para regresar a m\u00ed, a mi propio centro, a lo m\u00e1s interno de mi coraz\u00f3n, para restituir y recomponer la vida. Ya no es el creador quien insufla el aliento vital. Es ella, con su propia boca quien me vive y me revive con su aliento. Su respiraci\u00f3n acompasada sobre mi propio respirar, cerca, muy cerca, lo m\u00e1s cerca posible. Es a trav\u00e9s de ella como mi propia oscilaci\u00f3n se ha vuelto sabia. Ella mi insufla, me llena y me inhala. Me contiene con esa pasi\u00f3n que solo ella puede dar, para luego exhalarme lentamente hacia el sosiego. Toda mi vida he tratado de escribir el Para\u00edso en mis poemas. Pero cuando ella sopla suavemente su aliento sobre todo mi cuerpo, una brisa indescriptible me confirma que ese es el para\u00edso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El aire como elemento conformante tambi\u00e9n es s\u00edmbolo de la luz y del vuelo. Ese sonido alci\u00f3nico que la hija del viento produce para hacernos m\u00e1s sabios, o como dir\u00eda Nietzsche <i>\u201cEl aire es una especie de materia superada, adelgazada como la materia misma de nuestra libertad<\/i>\u201d. Sin embargo debo admitir que la vida me ha tratado con m\u00e1s suerte que al fil\u00f3sofo, pues he podido constatar esta verdad, en la libertad que otorga el verdadero amor de una mujer. Dec\u00eda el poeta Miguel Hern\u00e1ndez: <i>solo el que ama vuela<\/i>, y yo por el amor de ella me he convertido en ave del para\u00edso. Cuando ella aparece, todo en m\u00ed se transforma en una danza que vuelve rojas las ramas de los \u00e1rboles. Una sola se\u00f1al de su mirada y ocurre de manera incontenible un despliegue de alas hasta los extremos m\u00e1s intangibles de mi alma, con un esplendor \u00fanico y desconocido. Y como dec\u00eda el poeta: Ella se pregunta temblando:<em>&#8220;\u00bfQu\u00e9 hice para despertar semejante esplendor?&#8221;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero tal vez, dentro de la simbolog\u00eda secreta del aire, la advocaci\u00f3n m\u00e1s extraordinaria es la de los aromas, los olores. Y es all\u00ed, en esa cualidad de las esencias decantadas de la vida y del amor, donde todo cobra su sentido. La creaci\u00f3n es vibraci\u00f3n pura, y esta viaja por el aire, pero su fuerza, el impulso que la genera es sin duda alguna el aroma. Aqu\u00ed los atributos del vuelo, pierden su cualidad estrictamente a\u00e9rea y adquieren su verdadero sentido: hundirse en la flor hasta su esencia. Cuando evoco a la mujer que amo, es inevitable sucumbir a sus aromas. Y en ese sucumbir, no s\u00e9 si estoy volando o hundi\u00e9ndome en ella, o ambas cosas a la vez, como el abejorro que atraviesa el aire para llenarlo de polen. Sin embargo, la plenitud aparece cuando ese sentido de vuelo se contiene en su entrega, en el rubor de sus costados, cuando recibe aquella parte alada de mi carne y de mis huesos, para que se produzca la uni\u00f3n, la alianza, el ritual de la creaci\u00f3n, la hierogamia sagrada, llena de aromas y de estados de conciencia que solo el amor puede provocar. Ella entonces es \u201cLa Amada\u201d y yo \u201cEl Amado\u201d. Es el Cantar de los Cantares donde ella dice: <i>Mientras mi amado estaba en su reclinatorio mi nardo dio su olor\u2026mi amado es para m\u00ed, un manojillo de mirra que reposa entre mis pechos.<\/i> Ebrio de sus aromas nada m\u00e1s podr\u00eda agregar como no fuera susurrar yo tambi\u00e9n el nombre de la Amada: &#8220;<em>El<\/em> o<span style=\"font-size: small;\"><i>lor de tus suaves ung\u00fcentos, y tu nombre amada m\u00eda..<\/i><\/span><span style=\"font-size: small;\"><i>Tu nombre como un ung\u00fcento derramado. S<\/i><\/span>usurro derramado que resuena sobre el olor de las manzanas y el aroma de las vi\u00f1as, y que tanto se parecen a la esencia que destila su piel dorada y al aroma de su boca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor es libertad, es la absoluta libertad. Hace poco, parado en el umbral de la tarde y en plena soledad, me declar\u00e9 \u201cesp\u00edritu libre\u201d, pose\u00eddo del \u201cSonido Alci\u00f3nico\u201d. Bajo aquella revelaci\u00f3n definitiva, declaraba mi vinculaci\u00f3n desde una visi\u00f3n \u00fanica, abarcante y libre. Mi relaci\u00f3n y mi di\u00e1logo con el mundo como debe ser, y sobre todo mi voluntad de o\u00edr despojadamente, vivir la integridad, de lograr consustanciarme con ese esp\u00edritu que se parece tanto al viento y al paso de un ave. En esos d\u00edas hab\u00eda vivido experiencias \u00fanicas y permanentes a pesar de su oscilaci\u00f3n incesante y su din\u00e1mica envolvente. Contradictoriamente declaraba tambi\u00e9n que esas vivencias, esas experiencias vinculantes, hab\u00edan sido vividas en soledad y a que pesar de mi deseo, me hab\u00eda sido dif\u00edcil el compartirlas. Aun as\u00ed y con mucha fe, en ese atardecer, me declaraba \u201cesp\u00edritu libre\u201d, como claro presentimiento de lo inminente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy esa fe inquebrantable est\u00e1 contenida y colmada en la mirada de una mujer susurrante que me est\u00e1 ense\u00f1ando la ruta de regreso al para\u00edso, que toma mi mano en un gesto de alianza infinita revirtiendo de manera total el G\u00e9nesis y el drama de mi vida fragmentada en un retorno cierto y a\u00e9reo que me sumerge fecundante y ebrio en su flor m\u00e1s secreta\u2026que me transforma en danza de cortejo, en ave del para\u00edso, en esplendor puro, aunque ella misma tiemble y se pregunte: <i>\u00bfQu\u00e9 hice para despertar semejante esplendor?<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cHe intentado escribir el Para\u00edso: No te muevas. Deja que hable la brisa suave. Ese es el Para\u00edso&#8221;. 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