{"id":1810,"date":"2020-07-12T19:58:17","date_gmt":"2020-07-12T19:58:17","guid":{"rendered":"https:\/\/edgarvidaurre.org\/?page_id=1810"},"modified":"2020-07-13T04:07:04","modified_gmt":"2020-07-13T04:07:04","slug":"armando-rojas-guardia-vida-pasion-y-muerte-de-un-poeta","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/edgarvidaurre.org\/?page_id=1810","title":{"rendered":"Armando Rojas Guardia: Vida, Pasi\u00f3n y muerte de un poeta"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"twitter-share\"><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?via=evidaurre\" class=\"twitter-share-button\" data-size=\"large\">Tweet<\/a><\/div>\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"668\" height=\"443\" src=\"https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/prologo_a_patria_y_otros_poemas_282008_29_2C_de_armando_rojas_guardia.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1811\" srcset=\"https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/prologo_a_patria_y_otros_poemas_282008_29_2C_de_armando_rojas_guardia.jpg 668w, https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/prologo_a_patria_y_otros_poemas_282008_29_2C_de_armando_rojas_guardia-300x199.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 668px) 100vw, 668px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p> <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>A la figura continente y amorosa de Luisa Helena Calca\u00f1o<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">La vida comienza siempre en una herida, en una hendidura, con un ritual de llanto y quejidos. Con un corte que nos deja una cicatriz evidente e imborrable. Corte que nos arroja a la intemperie. Los seres humanos nacemos desnudos, arrojados, desprendidos de la dimensi\u00f3n \u00edntima y simbi\u00f3tica del vientre de nuestra madre, a trav\u00e9s de un ritual de dolor y de sangre. Pareciera entonces que la vida es en s\u00ed misma una herida, un albur lleno de circunstancialidad y de elementos (naturales y sociales) que van a su vez acumulando m\u00e1s heridas. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">M\u00e1s all\u00e1 del llanto primario,\nde esa herida original, de ese sonido indiferenciado, nuestra voz ir\u00e1\ndeviniendo en palabra o &nbsp;canto (ese\nllanto sublimado) como respuesta a la alteridad, al Otro, a Dios: \u201cuna voz que\nclama en el desierto\u201d o la voz sosegada del canto que nos acuna y nos contiene.\nPero en el caso del poeta, la palabra simboliza la m\u00e1s elevada manifestaci\u00f3n\ndel drama dual de la vida, la palabra como v\u00ednculo, ese otro alimento que\ntambi\u00e9n nos nutre y nos sostiene. Los procesos nutricios (cuerpo y alma) y&nbsp; la restauraci\u00f3n de esas heridas ser\u00e1n\nevoluciones sostenidas por el amor, por el mismo \u00fanico amor. Por ese amor que\nse parece tanto al fuego que lo unifica todo: ambos procesos sometidos al fuego\ndel amor o \u201c<strong><em>Del mismo amor ardiendo<\/em><\/strong>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">La vida existencial de Armando\nRojas Guardia comenz\u00f3, al igual que el resto de los seres humanos, con esa\nherida indeleble, con esa sensaci\u00f3n de ser arrojados al vac\u00edo de la luz, de desprenderse\nde lo acogedor del adentro para asumir la intemperie a trav\u00e9s de nuestra\nfragilidad. A su vez, la vida literaria de nuestro amado poeta, con esa coherencia\nontol\u00f3gica que sign\u00f3 su ser esencial desde el d\u00eda del nacimiento, tambi\u00e9n\ncomienza en una herida, que como toda manifestaci\u00f3n de vida est\u00e1 precedida por\nel amor, por el v\u00ednculo, y que se ir\u00e1 desarrollando existencialmente en el\ndesierto, en el vac\u00edo de la intemperie y bajo la pasi\u00f3n de la luz. Atravesar\nesa pasi\u00f3n por los caminos ardientes del amor hasta sublimar el llanto y evocar\nla herida\u2026poder decir en una retrospectiva sensible, pero actual: \u201c<strong><em>Yo\nque supe de la vieja herida\u201d<\/em><\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En el caso de Armando, ser\u00eda imposible separar su vida existencial, su vida hist\u00f3rica (<em>Bios<\/em>) como despliegue humano-existencial, de su vida literaria como despliegue esencial. La vida en este caso, ser\u00e1 el paradigma un\u00edvoco que se manifiesta en la convergencia de ambos despliegues (ser y existir), los cuales se imantan y dinamizan, rec\u00edproca y po\u00e9ticamente, hasta revocar la dualidad que se origin\u00f3 con el desprendimiento y la herida. La poes\u00eda como ejercicio de redenci\u00f3n de salvaci\u00f3n: <strong><em>la vida puede ser redimida si la vivimos po\u00e9ticamente.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Al modo evang\u00e9lico, este joven poeta, ya profundamente cristiano, ha encontrado el consuelo en medio de la intemperie en un Dios que se le manifiesta en el vac\u00edo de la ausencia. Atraviesa su propio desierto, su propia cuaresma existencial, fragmentado por esa dualidad entre el bien y el mal, el cuerpo y el alma, la carne y el esp\u00edritu, el pecado y la <em>Gracia<\/em>, la culpa y el perd\u00f3n, que durar\u00eda cuarenta a\u00f1os exactos desde aqu\u00ed hasta su muerte. As\u00ed, a sus treinta a\u00f1os, (la misma edad en que Jes\u00fas de Nazaret sale de la oscuridad a la vida p\u00fablica), inicia su vida literaria y esencial, con su misi\u00f3n po\u00e9tica: trascenderse a s\u00ed mismo a trav\u00e9s de la palabra, y es en el a\u00f1o 1979- A\u00f1o del Se\u00f1or- que lo hace con el poemario titulado: <strong><em>\u201cDel mismo amor ardiendo\u201d<\/em><\/strong>.&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Ese despliegue existencial que empieza aqu\u00ed a integrar lo fragmentado, se inicia con una dedicatoria que evoca una despedida de su madre, antes de la partida al desierto, una dedicatoria elocuente: <strong><em>A la memoria de Mercedes de Rojas Guardia<\/em><\/strong>. Rebautizado, ahora, con el nombre de su padre, y despoj\u00e1ndose de los apellidos maternos (ya no ser\u00e1 &nbsp;nunca m\u00e1s Rojas \u00c1lvarez, sino Rojas Guardia), como si fuera un joven dios solar, sale a buscar su consuelo en la intemperie. El poema <strong><em>Consolaci\u00f3n<\/em><\/strong>, cuyo ep\u00edgrafe de San Ignacio de Loyola dice as\u00ed: <em>\u201c\u2026llamo consolaci\u00f3n cuando en el \u00e1nima se causa alguna moci\u00f3n interior, con la que viene el \u00e1nima a inflamarse\u201d, <\/em>termina con estos contundente versos: <em>Pesa. \/ En ti un hogar ya reluciente.\/ \u00c9l pone \/ tan solo una palabra.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Buscador\nimpenitente de Dios, poeta marginado, solitario, necesitado y deseoso\nde <em>romper con los mol\u00addes, un ansia\nirreparable de buscar lo que no se me ha perdido, la nostalgia de alg\u00fan punto\nsolar del que yo lo \u00fanico que s\u00e9 es que no se encuentra acudiendo al horario de\nlos trenes, y sin embargo es la \u00fanica tierra que tenemos prometida, la \u00cdtaca\nprobable a donde po\u00addemos atracar con aires de certeza, la evidencia granu\u00adlar\nque muy de cuando en cuando nos deslumbra, ese imprevisto co\u00e1gulo de vida que\nnada tiene que ver con los minutos democr\u00e1ticos del reloj confederado y que es\nliteralmente lo \u00fanico que importa.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En esta reiteraci\u00f3n\nencontramos una uni\u00f3n perfecta entre la vivencia del nacimiento herido, que se\ndebe olvidar, y la misi\u00f3n ya claramente establecida de buscar refugio en el\ndios de la intemperie, pero con la necesidad soterrada y ancestral de mantener\nla vieja herida. En esta etapa esencial-existencial de la vida del poeta, se\ndebate entre el cielo y la tierra, entre el pecado original y la redenci\u00f3n;\nentre el cuerpo y el deseo, como opuestos al cielo, a la Gracia y el perd\u00f3n, su\nhomosexualidad, a\u00fan no asumida, y la necesidad de contenci\u00f3n c\u00f3ncava, del canto\nde la madre, de la vuelta a ese hogar luminoso que hace olvidar el rigor de la\nintemperie, surgen dos poemas en concreto que lo acercan a ese\nMaternal-femenino-\u00edntimo al que hab\u00eda renunciado y al que le ten\u00eda tanto temor.\nEn el poema <strong><em>Olvido involuntario<\/em><\/strong> nos conmovemos con esta revelaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo s\u00e9\nque debo recordar algo que supe,<br>\nalg\u00fan sangu\u00edneo secreto hoy coagulado,<br>\nel nombre escuchado en la prehistoria<br>\n(alguna confidencia prenatal),<br>\nla ra\u00edz de mi memoria fisiol\u00f3gica,<br>\nla luz del fondo que me alumbr\u00f3 de pronto<br>\ny se qued\u00f3, como grano de an\u00eds, en mi cerebro,<br>\n(\u2026)<br>\nel instante que me busca a cada hora,<br>\nla fecha que me espera y que olvid\u00e9.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En el\nsegundo poema, dedicado an\u00f3nimamente a A.M., hay incluso un acercamiento\ner\u00f3tico a lo femenino, que rebasa&nbsp; lo\nmaternal, &nbsp;sin rebasar el miedo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hay una l\u00ednea quebrada<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Entre este in\u00fatil poema<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Donde convoco a tu imagen<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y la caricia que tiembla<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Sin letras sobre tu cara<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>O entre el nombre forcejeado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Para meterte en el verso<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y el silencio que te deja<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Desnuda para mi gozo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Porque escribiendo desdigo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo que prorrumpe callado:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hay un sonido en el acto<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Huyendo de la palabra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>***<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La pasi\u00f3n del poeta<\/strong>. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Casi\ndiez a\u00f1os de recorrido por el desierto (vivencias extremas, dualidad\nexistencial, el Pecado y la <em>Gracia<\/em>)\nmarcar\u00e1n los a\u00f1os oscuros. Esa noche oscura del alma que al final encontrar\u00e1 el\nsosiego y el \u00e9xtasis de la pasi\u00f3n asimilada. En el a\u00f1o 1985 surgir\u00e1n, producto\nde una \u00edntima restauraci\u00f3n, &nbsp;<strong><em>Los<\/em><\/strong>\n<strong><em>versos\nde la Quebrada de la Virgen<\/em><\/strong>. Ocurren aqu\u00ed dos sucesos que parecieran\npolares: El retiro en la quebrada de la Virgen y el asumir abiertamente su\nhomosexualidad. Elocuente en uno de los ep\u00edgrafes (el del poeta Cintio Vitier)\nque preceden los versos: <em>He pasado de la\nconciencia de la poes\u00eda a la poes\u00eda de la conciencia, porque estoy, a no\ndudarlo entre la espada y la pared<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><br>\n<em>(\u2026).<br>\n<br>\nEse trozo de musgo en el asfalto<br>\nme recuerda que el Mundo, subversivo,<br>\nderrota a la Historia finalmente. Y con \u00e9l,<br>\nvence este d\u00eda, cabal e impronunciado,<br>\n(\u2026)<br>\n.\u00bfC\u00f3mo cristaliz\u00f3 el mito de esta hora<br>\nen el ate\u00edsmo l\u00edquido del tiempo?<br>\nAlguien dibuja el d\u00eda por nosotros.<br>\nAlguien me ama hoy, secretamente<\/em>..<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En ese mismo a\u00f1o (1985)\nsurgir\u00e1n los poemarios <strong><em>Yo que supe de la vieja herida<\/em><\/strong> y <strong><em>El\nDios de<\/em><\/strong> <strong><em>la intemperi<\/em>e<\/strong>. Nuevamente ser\u00e1 la <strong><em>herida<\/em><\/strong> el camino hacia la\nluz. En esta instancia, el poeta se descentra, ejerce una subversi\u00f3n masiva\ncontra el cuerpo, los sentidos, el alma, una subversi\u00f3n que incluye su propio\ncentro an\u00edmico y espiritual: la interpelaci\u00f3n de ese Dios encarnado que asume\nlo humano, aun en sus sombras y en su carnalidad desnuda. Se desborda para deconstruirse\na s\u00ed mismo, llegar como dice Derrida al <em>desierto\nen el desierto<\/em>. La destrucci\u00f3n del Yo, para entrar en el caos, la\nenfermedad y la locura. Imposible no citar el excelente&nbsp; ensayo que Ana Mar\u00eda Hurtado escribiera a raz\u00f3n\nde EL Dios de la intemperie:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\"><em>\u201cEl encuentro demoledor de un intelecto\nhipertrofiado por las ideolog\u00edas, los racionalismos, las convenciones y dem\u00e1s\nartilugios de la cultura, con la realidad abarcante del cuerpo, con las\nparadojas de la materia, es para ARG un camino de redenci\u00f3n, pero redenci\u00f3n\nescatol\u00f3gica que no est\u00e1 por ocurrir en un tiempo mesi\u00e1nico, sino que discurre\nen nuestro tiempo de intemperie, all\u00ed donde se instala el dios del desierto,\ndel G\u00f3lgota, de los suburbios. Dios extra\u00f1o, exuberante y subversivo que\nconecta de manera admirable con Dionisos, quien tambi\u00e9n es una inusitada\nadvocaci\u00f3n del dolor, de lo terreno, de lo humano en extremo, as\u00ed como tambi\u00e9n\nde la vida perenne, aquella Zoe &nbsp;inagotable de los antiguos griegos:\nDionisos el despedazado, dios de la danza y la tragedia, del vino y la locura.\nDice Armando Rojas Guardia:&nbsp;<strong>\u201cel\nfracaso puede ser Dionisos engendrado en el muslo de Zeus\u201d;<\/strong>&nbsp;esta\nfrase me tom\u00f3, es una frase-rapto donde el autor nos convoca a aceptar que la\nherida est\u00e1 presente y no en tanto masoquismo sino como expansi\u00f3n de una vida\ncompleta y abundante, que es una herida c\u00f3ncava con la oquedad de un \u00fatero,\n&nbsp;cualidad de lo femenino que le permite alojar al Otro del abismo. (\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Ya entrado el a\u00f1o 1989, surge el poemario <strong><em>Hacia la noche Viva<\/em><\/strong>. El descentramiento, la intemperie y ese Dios <strong><em>Padre<\/em><\/strong> abstracto, innombrable, presente en su ausencia y que no termina de consolar y contener, le hacen evocar al Padre cercano, al padre de su ni\u00f1ez, ese que consolaba en la noche, el continente, fr\u00e1gil, suave y dulce como la tela de las s\u00e1banas de su cama al anochecer, tras el umbral de las <em>v\u00edsperas<\/em>, en el <em>oficio de completas<\/em>, su <em>padre<\/em> atardecido: <\/p>\n\n\n\n<p><em>Bajo la disciplina de las\nmantas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Empapado despunto en\npulcritud.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El olor de las camisas de mi\npadre<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Es igual al de su barba que me\nexpande<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Un escozor fragante al darme\nun beso.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ahora solo la quietud \u2013\nsagrado v\u00f3rtice<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>De paz entre las s\u00e1banas \u2013<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Un poeta que se llama as\u00ed\nmismo marginal, tal vez para buscar el perd\u00f3n y ser merecedor de las\nbienaventuranzas, entrar en la marginalidad de los excluidos. A saber cuatro\nmarginalidades: ser homosexual, ser poeta, ser cristiano y paciente\npsiqui\u00e1trico. Cuatro extremos de una cruz en donde se entrega voluntariamente\nal sufrimiento, al Otro, a la alteridad de Dios y del hermano en la fragilidad\nhumana. Encontrar a Dios en los suburbios, en la misericordia, o como dec\u00eda\nLevinas, en el rostro del otro que me interpela, donde miro la infinitud de\nDios. Encontrar a Dios finalmente en el fracaso, en el l\u00edmite humano. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\"><strong><em>La nada vigilante<\/em><\/strong> (1994), <strong><em>El Resplandor y la Espera<\/em><\/strong> (2000) y <strong><em>Patria y otros poemas<\/em><\/strong> (2008), cubren &nbsp;la etapa culminante de la pasi\u00f3n y de la plenitud del poeta. Pasi\u00f3n en la entrega voluntaria, &nbsp;asumida como redenci\u00f3n, entrando en el centro sufriente de esa cruz de marginalidades. Este poeta que se dice marginal, sufre en el centro de la cruz, para redimirse y trascenderse. Su vida ha sido pr\u00f3diga en amor, su eros ha sido derramado hacia todos los puntos cardinales de la tierra. El poeta poliniz\u00f3 con su palabra el alma de aqu\u00e9llos que lo vieron, lo sintieron y lo amaron. Su palabra como semilla, como esa <em>Logos Espermatikus<\/em> que visionaba San Justino, a modo de entender la inefable transformaci\u00f3n del esp\u00edritu en carne, materia. El asumir su humanidad en todos los sentidos (raz\u00f3n y emoci\u00f3n, cuerpo y alma) lo hace humilde, despojado, en un retorno a la desnudez originaria, al l\u00edmite y, como dijimos, al fracaso en tanto s\u00edmbolo de redenci\u00f3n. No se trata de sucumbir ante el fracaso o el desaliento\u2026 hay algo que surge siempre del dolor y de su trascendencia, algo que solo se puede vislumbrar y entender desde la herida&#8230; desde la conciencia que otorga el reconocimiento de \u201cla vieja herida\u201d; a trav\u00e9s de ese darse cuenta eleva los horizontes espirituales y reviste de sacralidad a la psique. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Muerte y transfiguraci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Termino esta cr\u00f3nica sentida, como testigo de su tr\u00e1nsito desde la muerte corporal que nos regresa a la dimensi\u00f3n original y pura, esa muerte que todo lo unifica y todo lo concilia. Pude ser testigo privilegiado del cruce del umbral de la conciencia al delirio, de su agon\u00eda y de su \u00e9xtasis, al estar presente en la \u00faltima madrugada de su vida. Vi su desvalida desnudez en una cama de hospital, entregado en su materia con el <em>mismo amor ardiendo<\/em>. Pidiendo consuelo, contenci\u00f3n. Conmovedor que al final de su vida, al final de esa cuaresma llena de desierto y de b\u00fasqueda de ese Dios paterno y ausente que llenara la orfandad del padre \u00edntimo y cercano, no sea hacia ellos su llamado. Ah\u00ed, en el umbral de su tr\u00e1nsito hacia Dios-Padre, su llanto prolongado fue nuevamente, como al principio de la historia, llamando a su madre\u2026 a sus madres (esas mujeres que lo acompa\u00f1aron durante su vida y cercana ya la hora de su muerte, lo arrullaron y lo acunaron con ternura infinita), pero en especial una mujer que tomo la vida del poeta en sus manos, la contenedora, su cuidadora, su <em>\u00c1ngel de la Guarda<\/em> como la llamaba: <em>Luisa Helena Calca\u00f1o<\/em>, Vivenci\u00e9 la transfiguraci\u00f3n que provoca la muerte f\u00edsica, para entender la vida a trav\u00e9s de este poeta que nos ense\u00f1\u00f3 a vivir po\u00e9ticamente. Su saga y su valor nos centra a todos, nos hace buscar los \u201ccaminos in\u00e9ditos\u201d. Mostr\u00f3 a trav\u00e9s de su po\u00e9tica del vivir la evidencia del amor, que nos impulsa a vivir amando, rozar nuestro destino con ese \u201c<strong><em>amor fati<\/em><\/strong>\u201d\u2026a ejecutar a trav\u00e9s de la belleza y del sufrimiento esa danza en el centro de nosotros mismos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">El camino hacia la luz, con la pasi\u00f3n de la luz, no puede ser de luto y llanto. As\u00ed proclamamos que este\u00a0 9 de julio del 2020-a\u00f1o del Se\u00f1or- ha entrado en la inmortalidad, el m\u00edstico monje de la Belleza&#8230;el poeta Armando Rojas Guardia. Al modo de San Francisco, nos deja su honda y sentida palabra, como \u00fanico ropaje capaz de cubrir nuestra desnudez, estado que nos remite a nuestra condici\u00f3n humana. Ese retorno al alma que nos otorga nuestro cuerpo en su verdad desnuda, que nos salva de la intemperie, que nos devuelve al origen, al primer llanto, a la primera inocencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Edgar Vidaurre<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A la figura continente y amorosa de Luisa Helena Calca\u00f1o La vida comienza siempre en una herida, en una hendidura, con un ritual de llanto y quejidos. Con un corte que nos deja una cicatriz evidente e imborrable. Corte que nos arroja a la intemperie. 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