{"id":1795,"date":"2020-07-04T20:54:49","date_gmt":"2020-07-04T20:54:49","guid":{"rendered":"https:\/\/edgarvidaurre.org\/?page_id=1795"},"modified":"2020-07-04T21:03:28","modified_gmt":"2020-07-04T21:03:28","slug":"armando-rojas-guardia-y-el-arbol-de-la-vida","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/edgarvidaurre.org\/?page_id=1795","title":{"rendered":"Armando Rojas Guardia y el &#8220;\u00e1rbol de la vida&#8221;"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"twitter-share\"><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?via=evidaurre\" class=\"twitter-share-button\" data-size=\"large\">Tweet<\/a><\/div>\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/Armando-Rojas-Guardia-700x499.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1796\" width=\"756\" height=\"539\" srcset=\"https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/Armando-Rojas-Guardia-700x499.jpg 700w, https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/Armando-Rojas-Guardia-300x214.jpg 300w, https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/Armando-Rojas-Guardia-768x547.jpg 768w, https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/Armando-Rojas-Guardia-800x570.jpg 800w, https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/Armando-Rojas-Guardia.jpg 952w\" sizes=\"(max-width: 756px) 100vw, 756px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Bendita seas, poderosa Materia, <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>evoluci\u00f3n irresistible, realidad siempre\nnaciente, <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>t\u00fa que haces estallar en cada momento\nnuestros esquemas <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y nos obligas a buscar cada vez m\u00e1s lejos la\nverdad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\"><strong>Teilhard de Chardin \u2013 Himno a la materia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En estos d\u00edas he\nrecibido de las manos de Ana Mar\u00eda Hurtado, (esa <em>Di\u00f3tima<\/em> intermediaria, <em>Shekinah<\/em>\nsabia y c\u00f3ncava) un escrito iluminado del querido poeta y amigo Armando Rojas\nGuardia, quien adem\u00e1s en una conversaci\u00f3n reciente, me ha dado su venia para\nleer y compartir a su vez mi sentir a trav\u00e9s de la palabra. De manera\ninenarrable, me siento privilegiado y agradecido por participar en este <strong><em>\u00c1gape<\/em><\/strong>,\npor entrar en esta lectura a la cual accedo con la profunda sensaci\u00f3n de que se\ntrata de un ritual de comuni\u00f3n. Y digo comuni\u00f3n, pues a pesar de que en primera\ninstancia (como dije) penetro en estos textos y me adentro en su lectura,\ncomprendo que la instancia que sucede a ese entrar es la de o\u00edr, la de dejarse\npenetrar a su vez por la palabra confesional y de esa manera entender al otro\u2026a\nuno mismo en un acto de purificaci\u00f3n compartida. Tal vez y como dice Armando en\nel texto: <em>compartir ese pan inexorable<\/em>\nque significa el hecho de vivir y existir sobre la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Me llama la atenci\u00f3n\nque es precisamente desde la tierra y el hecho de pisarla, de estar arraigados\nen ella existencialmente y corporalmente, de donde parte esta primera evidencia\ny manifestaci\u00f3n de vinculaci\u00f3n inexorable. Y es justamente desde la tierra y la\nm\u00e1s esplendorosa de sus prolongaciones: los \u00e1rboles, donde (mucho antes de este\ncompartir mutuamente consciente y convenido) tuve una comuni\u00f3n numinosa con\nArmando a trav\u00e9s de la lectura de su poema, La m\u00edstica de los \u00e1rboles: <em>Los \u00e1rboles son sacramento de la paz.\nEllos me ense\u00f1an el arte dif\u00edcil del sosiego, firme en su aplomo vertical\nfrente al viento y al l\u00e1tigo incontable de la lluvia. Su tranquilidad est\u00e1\ntransida de silencio pues las hojas, como labios, s\u00f3lo invitan a contemplar\notra flora escondida e interior que no se puede describir con las palabras.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Aunque Armando ha titulado a estos\ntextos de manera perfecta como diario 2015 (septiembre), siento en su lectura\nque estos textos contienen algo m\u00e1s que lo que expresan los diarios\nconvencionales. Al entrar en ellos me veo envuelto en un acto conmovedoramente confesional\n(hay una evocaci\u00f3n muy fuerte con las confesiones San Agust\u00edn). Mas sin\nembargo, no se trata aqu\u00ed de un acto confesional para expiar culpas o para\nnegar y revocar aspectos conformadores del obrar, siento m\u00e1s bien una\nmaravillosa eclosi\u00f3n de plenitud que nos relata su estado actual, pero sobre\ntodo se me impone la sentida visi\u00f3n de los <strong><em>Libros de Horas<\/em><\/strong>: esas maravillosas\ncr\u00f3nicas, que no se atienen a lo acaecido an\u00edmicamente en el ciclo circadiano,\nsino en aquellas vivencias que se salen del tiempo convencional y se condensan\ncomo gotas de agua en peque\u00f1os detalles, que por humildes y esenciales, nos\nvinculan con lo abarcante. El propio Armando la ratifica cuando confiesa su\ndespojo yoico y su retornar del contacto humilde con la tierra: \u201c<em>lo que busco afanosamente, disfrazar y esconder ante la mirada ajena: mi\npeque\u00f1ez, mi real fondo de poquedad, mi flagrante nader\u00eda.\u201d<\/em> El mismo San Agust\u00edn dec\u00eda que la\n\u00fanica manera de vincularse con la inmensidad era hacerse peque\u00f1o, permitir la\nentrada de la visi\u00f3n de aquello que nos trasciende.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En esos maravillosos <strong><em>Libros\nde Horas<\/em><\/strong> se plasmaba el movimiento que la gracia genera sobre lo \u00edntimo\nsagrado para que este devenga a su vez en expansi\u00f3n trascendente hacia el\nafuera. Alternancia exquisita entre lo subjetivo del que vivenciaba o\nexperimentaba el contacto directo con lo inefable y su correspondencia con el\nmundo. Ah\u00ed se manifestaban y se describ\u00edan aquellos actos de purificaci\u00f3n,\nrituales personales e \u00edntimos, oraciones, pensamientos, cr\u00f3nicas an\u00edmicas de\nlos ciclos celeste-terrestres y su determinaci\u00f3n en el alma de acuerdo incluso\na la manifestaci\u00f3n fenom\u00e9nica de la luz a trav\u00e9s de los vitrales y sobre todo esos\nbreviarios que unificaban la vida cotidiana con la vida monacal en una especie\nde hierofan\u00eda escrita y despojada de la existencia. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Tomando entonces de manera personal\nestos textos como un libro de horas o breviario, lo siguiente que siento de su\nlectura, es el asombro ante la capacidad del Armando-\u00e1rbol (devenido como\nextensi\u00f3n que se eleva desde la tierra hacia la plenitud de su comuni\u00f3n\narm\u00f3nica y sublimada con lo espiritual \u201calci\u00f3nico\u201d) de constituir en este\nespacio visible, terrestre y manifiesto, incluso urbano (con las\nmanifestaciones sonoras que se arremansan en su inclusi\u00f3n dentro del \u00e1mbito\nnuminoso), la cuadr\u00edcula de los espacios sagrados, de eso que llamamos <strong><em>Templo<\/em><\/strong>.\nLa geometr\u00eda sagrada que replica en la tierra los espacios celestes: \u201c<em>En el rect\u00e1ngulo de la plaza, el ritmo exasperado de la ciudad se\natempera, ingresa en una modulaci\u00f3n espacial y temporal dentro de la cual hasta\nel ruido de los autom\u00f3viles y las motocicletas recupera inesperadamente una\ncomo inocencia sensitiva, una placidez coreogr\u00e1fica y libre\u2026. El agua de la\nfuente y del estanque, el silencio introvertido de los \u00e1rboles, la&nbsp; geom\u00e9trica disposici\u00f3n de los bancos, los\ndedos verdes de la hierba, la blanca pulcritud de las barandas: todo en la\nplaza me convoca a vivir una&nbsp; dimensi\u00f3n&nbsp; de la existencia urbana que es la \u00fanica que\nen verdad me importa, me interesa<\/em>.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Este\nreplicar de la cuadr\u00edcula como espacio sagrado en la tierra expresado en la figura del \u201cTemplo\u201d, no s\u00f3lo es\nimportante en los textos de Armando, desde el punto vista arquitect\u00f3nico,\nestructural y f\u00edsico, sino desde el alcance simb\u00f3lico que representa la misma\npalabra que lo designa. Varr\u00f3n, escritor latino del siglo I antes de Cristo\nafirmaba que \u201ctemplum\u201d es el nombre que se da a un lugar demarcado y limitado\npor determinadas f\u00f3rmulas geom\u00e9tricas y simb\u00f3licas con el fin de hacer augurios\no recibir auspicios\u201d. De aqu\u00ed proceden las palabras \u201ctemplo\u201d y \u201ccontemplar\u201d,\nque aluden a la zona sagrada y demarcada del templo, la que estaba dentro del\ncampo de visi\u00f3n del augur, la que este \u201ccontemplaba\u201d. En sentido estricto, si\nno hay templo tampoco hay contemplaci\u00f3n. Mirar es penetrar (al igual que la\npalabra) y es all\u00ed que la mirada, (como uni\u00f3n de lo visible material y el\nmilagro de la luz) donde quiera que se pose o penetre, se hace sagrada al\ntiempo de sacralizar lo que se mira.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Conmovedor en grado sumo (si entendemos el car\u00e1cter de la\ncontemplaci\u00f3n que sacraliza) el hecho llevado al plano humano en su\nmanifestaci\u00f3n carnal, el que Armando constituya al cuerpo humano como centro,\ncomo <strong><em>Axis\nMundi<\/em><\/strong> (literalmente) del evento t\u00e9mporo-espacial en donde se produce la\nexperiencia religiosa. El cuerpo es el templo donde se produce a trav\u00e9s de la mirada\ncontemplativa el \u00e9xtasis y Armando es el augur o el contemplante que sacraliza\nlo mirado: ese cuerpo que en el evangelio Jes\u00fas proclama como sagrado y en\ndonde los ojos ser\u00e1n a su vez el espejo del alma. En el caso de Armando, esta\nse expresa en su <em>personal ceremonia inici\u00e1tica, el rito que\nlogra su trance ext\u00e1tico, la liturgia sensorial a trav\u00e9s de la cual accede al\nrel\u00e1mpago dichoso que consiste en contemplar con calma lentitud, con una\nopulenta parsimonia \u2013 opulenta porque es un lujo visual que&nbsp; enjoya su mirada-&nbsp; el cuerpo desnudo.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En\nun antiguo ensayo sobre las \u201cCorporalidades de Ana Teresa Celis, (otra\nmagn\u00edfica Ana), dec\u00eda que <em>por amor al\nhombre Dios ha encarnado en casi todas las teofan\u00edas, redimiendo de esta manera\ntodo lo visible, lo concreto, lo individual. Decimos esto porque el ser humano\nno s\u00f3lo es mente \u2013 es decir emoci\u00f3n, amor, sue\u00f1o, intelecto &#8211; es tambi\u00e9n cuerpo\ny sensualidad<\/em>. Dios encarn\u00f3 para\nredimir la materia, lo visible a trav\u00e9s del fulgor de la Belleza y el amor que\nlo envuelve todo, revocando con ello la culpa y el pecado (\u2026<em>Ama y haz lo que quieras<\/em>, <strong>San Agust\u00edn<\/strong> dixit). Aun as\u00ed, pasar\u00e1\nmucho tiempo antes de que de manera expresa y abarcante, un santo moderno como\nTeilhard de Chardin, proclame nuevamente el car\u00e1cter sagrado de la materia. <em>En este\ncaso una visi\u00f3n m\u00e1s amplia nos revela que la<strong> corporalidad<\/strong> como estatus cualitativo existencial, no se refiere a\nuna cosa o ente como atributo \u00fanico y excluyente, sino que en todo caso la\ncorporalidad es apenas uno de sus atributos o cualidades: es en todo caso, el\naspecto objetivo, corporal, tangible, existencial; la apariencia f\u00edsica y\nperceptible de aquello que en su aspecto m\u00e1s permanente y subjetivo es\nesencialmente invisible a los ojos e inaprensible a nuestros sentidos\npercepci\u00f3n f\u00edsica, evento este que se representa en muchas religiones y en\nespecial en la cristiana a trav\u00e9s del misterio de la encarnaci\u00f3n (o\nmaterializaci\u00f3n) del esp\u00edritu.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Como dijimos, la mirada y la palabra inteligible son\npenetrantes. No puede haber carnalidad sin que concurra ese aspecto de lo\ncreante. Es entonces la palabra creada la clave para entender y resolver el\nmisterio de la encarnaci\u00f3n, el punto com\u00fan y convergente entre lo creante, lo\ncreado y lo que perdura en medio de la alternancia de la esencia y la\nexistencia, entre el alma y el cuerpo? Es en la mirada en d\u00f3nde se inicia el\ncamino que nos llevar\u00e1 a la confluencia total de los aspectos humanos? Al\nfinal, es el alma quien escucha, quien se deja penetrar?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">El dogma cristiano nos habla de alma y del cuerpo\ncomo ambivalentes, que la otra vida perdurable, esencial y eterna pertenece al\nalma y que esta perdura sobre la finitud de nuestro cuerpo arraigado a esta\nvida existencial\u2026 sin embargo y de manera sorprendente y contradictoria, lo que\neste dogma proclama para el final de todos los tiempos, no es esa prevalencia\nde <strong><em>alma<\/em><\/strong>,\nsino la <strong><em>resurrecci\u00f3n de la carne<\/em><\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En esta instancia del Breviario de Armando, y a\ntrav\u00e9s de su palabra, se proclama a todos los vientos la sacralidad del cuerpo\ny la materia, del aspecto corporal del alma, de la corporalidad como la\nmanifestaci\u00f3n pura del esp\u00edritu en su aspecto visible y tangible a la mirada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Parafraseando a Armando describir\u00eda estas visiones evocando a la\nm\u00edstica de los \u00e1rboles: ese \u00e1rbol erguido e inhiesto que apoyado en la\npenetraci\u00f3n de sus ra\u00edces en lo m\u00e1s profundo y oscuro de la tierra, es capaz a\nsu vez en los aspectos a\u00e9reos y arom\u00e1ticos de manifestar lo acogedor y\nmisterioso que encierra la gestaci\u00f3n de la flor y de los frutos. Lo femenino a\ntrav\u00e9s de esa tranquilidad <em>transida\nde silencio pues las hojas, como labios, s\u00f3lo invitan a contemplar otra flora\nescondida e interior que no se puede describir con las palabras, <\/em>(y\nen donde agregar\u00eda) tampoco puede ser abarcada con la mirada: \u201c<em>Es como presenciar con los\nojos del cuerpo el milagroso instante de la floraci\u00f3n de la rama y entender con\nel alma la fuerza que la hace florecer. O como escuchar con los o\u00eddos del\ncuerpo al ruido de la brisa suave y entender con el esp\u00edritu la paz inefable de\nsu susurro.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mi c\u00e1liz y mi patena son las profundidades de un&nbsp;<\/em><em><strong>alma<\/strong><\/em><em>&nbsp;<\/em><em>ampliamente abierta a todo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>ser pose\u00eddo por Ti, y conducido por la indefinible potencia de tu&nbsp;<\/em><em><strong>Cuerpo<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Teilhard de Chardin \u2013 Himno al universo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">En el monumental\nlibro \u201cEl fen\u00f3meno humano\u201d Teilhard de Chardin, nos regala la m\u00e1s\nextraordinarias de las visiones que haya podido (a trav\u00e9s de \u00e9l) alcanzar la\nhumanidad: la parte tercera del cap\u00edtulo II: <strong><em>\u201cEl \u00e1rbol de la vida\u201d, <\/em><\/strong>Curiosamente\nsucedida por el cap\u00edtulo de Dem\u00e9ter y el Hilo de Ariadna o la ascensi\u00f3n de la\nconciencia. La potencia vital de la tierra (\u00e1nima mundi) desde donde la semilla\ndel \u00e1rbol de la vida se expande, La revoluci\u00f3n celular, el n\u00famero \u00e1ureo, la\nprimavera de la Vida, su incesante reproducci\u00f3n desde el \u00e1tomo hasta la\ninflexi\u00f3n del pensamiento del hombre sobre s\u00ed mismo y la toma de conciencia\nhasta llegar al plano espiritual, sin cortes, cesuras, castraciones o\nmutilaciones. Es inevitable para quien lea los manuscritos de Armando y sepa de\nsu religar arb\u00f3reo con el mundo, no evocar esa plenitud que se manifiesta en el\naspecto visible de la creaci\u00f3n: \u201c<em>Todos estos objetos que nos rodean,\ny nosotros mismos, en apariencia tan estables, en realidad configuramos\ncoreogr\u00e1ficamente una casi infinita danza c\u00f3smica, tal como nos lo ha ense\u00f1ado\ny descrito la f\u00edsica contempor\u00e1nea: la estallante din\u00e1mica de los \u00e1tomos \u2013 y\ndentro de ellos los protones, los neutrones, los positrones- y de las ondas y\nlas part\u00edculas, gobernada por la indeterminaci\u00f3n y la imprevisibilidad\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Y es aqu\u00ed, en este punto de la secuencia an\u00edmica del breviario, donde se\nproduce el maravilloso drama y el ritual que expresa la maravillosa epifan\u00eda\nque nos obsequia Armando: La resoluci\u00f3n de la culpa y el advenimiento de la\nplenitud. Armando se confiesa as\u00ed: \u201c<em>Desde\nhace muchos a\u00f1os siento predilecci\u00f3n intelectual y an\u00edmica por las \u00e9ticas\neudomonol\u00f3gicas: Dem\u00f3crito, los cirenaicos, Epicuro, Lucrecio, Montaigne,\nSpinoza,&nbsp; y,&nbsp; a su modo intransferible, Nietzsche y Albert\nCamus. Pero sobre todo, junto con Nietzsche, Spinoza. Como es sabido, para \u00e9ste\nno existen el Bien y el Mal metaf\u00edsicos, que son meras nociones engendradas por\nla superstici\u00f3n; solo existen lo bueno y lo malo<\/em>\u201d en otras palabras, el\nlogro de la mayor felicidad posible, a trav\u00e9s de aquello que se corresponde con\nlos impulsos m\u00e1s verdaderos y arm\u00f3nicos del ser humano en su totalidad, cuyo\nreverso ser\u00eda lo malo: aquello que lo fragmenta a trav\u00e9s de los conflictos\nentre su esencia y su existir. Sin embargo, hay un evento crucial que ocurre de\nmanera sorpresiva en Armando cuando de manera inesperada (y dejando a un lado\nesa predilecci\u00f3n intelectual, para entregarse de manera arremansada a o\u00edr), a\nasumir aquello femenino, c\u00f3ncavo como elemento necesario en contrapartida a lo\npenetrante creante. Poco antes de ese evento advenido y maravilloso, ya el alma\nse hac\u00eda menos intelectiva, menos penetrante. Ya en Armando y por su propia\ndescripci\u00f3n de las epifan\u00edas que le ven\u00edan ocurriendo durante el retiro estaba\npreparando su alma para dar el paso en un ritual \u201cprenupcial\u201d<em>: \u201cEn la tarde del tercer d\u00eda de retiro,\nJonatan me lee un texto de La Gaya Ciencia. En \u00e9l, Nietzsche afirma que el amor\na todas las cosas que amamos, empezando por el amor a nosotros mismos, requiere\nun arte, casi una orfebrer\u00eda , lentos, pacientes y delicados, cuyo ejemplo m\u00e1s\ncabal nos los ofrece nuestra relaci\u00f3n con una pieza musical por la cual\nsentimos predilecci\u00f3n: se trata, primero, de <strong>&nbsp;aprender a o\u00edr\u201d<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">He aqu\u00ed pues al <em><strong>Lover Man<\/strong><\/em>, escuchando a su propia \u00e1nima desnuda, dispuesta a esas nupcias interiores, cuyo ritual definitivo se celebra en el \u00faltimo d\u00eda del retiro espiritual y que el poeta nos narra as\u00ed: <em>A mediod\u00eda, Jonatan me dice que el retiro culminar\u00e1, a las cinco en punto de la tarde, con una sorpresa. A esa hora nos dirigimos a la capillita que est\u00e1 en la zona de clausura de la casa de ejercicios espirituales situada al lado de la caba\u00f1a dentro de la cual he pernotado estos d\u00edas; zona donde la comunidad de las seis monjas que atienden a los ejercitantes ocasionales tiene sus aposentos privados. Ning\u00fan hombre puede penetrar dentro de esa intimidad femeninamente conventual. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Ese entrar en los recintos femeninos, \u00edntimos y virginales para escuchar\narremansado, erguirse suavemente en ellos y de esta manera penetrar con su\npalabra el alma de estas mujeres para a su vez fecundarlas, polinizarlas, hace\nde esta experiencia, de esta vivencia un hito comparable a la hierogamia o Boda\nsagrada. La confirmaci\u00f3n correspondida de esta evento maravilloso est\u00e1\ncontenida en las palabras de la hermana Claudia (la m\u00e1s espiritual de todas) y\nque al sentir del poeta<em>, se quedar\u00e1n para\nsiempre orbitando en mi memoria emocional: \u201cArmando, a nombre m\u00edo y de mis\nhermanas quiero que sepas que te consideramos un miembro masculino de nuestra\ncomunidad y, como tal, puedes venir a esta casa y a la caba\u00f1a que est\u00e1 a su\nlado en el d\u00eda y a la hora que lo desees\u201d.&nbsp;\nYo no puedo decir nada m\u00e1s. El llanto me quema los ojos, la garganta, el\npecho y las ingles.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">El propio Armando declara el car\u00e1cter nupcial que este evento, de este\npaso que convoca el matrimonio y la integraci\u00f3n dentro de s\u00ed mismo cuando\nexpresa: <em>La epifan\u00eda de Eros en nuestra\nvida, as\u00ed acontezca en peque\u00f1a escala, inaugura para cada uno de nosotros la\nboda de la subjetividad&nbsp; propia con la\nmaterialidad concreta del mundo. Quedamos nupcialmente ebrios de una in\u00e9dita\ndesenvoltura mental y corporal. Eros nos desnuda (Camus: \u201cEstar desnudo guarda\nsiempre un sentido de libertad f\u00edsica\u201d). Desnudo para hacer el amor con el\nfasto, la opulencia del cosmos. Yo soy ahora un ejemplo viviente de ello.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Dej\u00e1ndome a su vez penetrar por la lectura de los textos de Armando,\nentiendo que despu\u00e9s de esa uni\u00f3n, ya no habr\u00e1 necesidad de \u00e9ticas <em>eudomonol\u00f3gicas, <\/em>ni de relativizar a la\n\u201cMoral\u201d al hecho circunstancial, colectivo y social del hombre como lo hace <em>Nietzsche <\/em>en su extraordinaria\n\u201cGenealog\u00eda de la Moral\u201d. Esa plenitud, esa felicidad que revoca la culpa\nproviene de las energ\u00edas naturales de la creaci\u00f3n en todo su esplendor, es la\n\u201cPankal\u00eda\u201d o la belleza del mundo en su conjunto y que hace que el \u00e1rbol de la\nvida se expanda de manera incesante, por la voluntad amorosa e ineludible de\nDios creador. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">La culpa naci\u00f3 tambi\u00e9n a los pies de un \u00e1rbol: del \u00e1rbol del bien y del\nmal, ese \u00e1rbol escindido, cuyo fruto no pudimos asimilar. En unos intercambios\ncon Ana Mar\u00eda, dec\u00eda que \u201c<em>si hacemos una\nlectura poetica-abarcante, del G\u00e9nesis (no solo el de la Tora y la Biblia\nCristiana), veremos como a partir de ese eje central que une lo de arriba y lo\nde abajo, la luz y la sombra, el cielo y el infierno, es decir del \u00c1rbol de la\nconciencia del bien y del mal, se establece en la psique del ser humano esa\nsensaci\u00f3n de desprendimiento, de separaci\u00f3n, que nos hace sentir que la\ncreaci\u00f3n es una cosa diferenciada de nuestra individualidad. La primera\npalabra, el primer aliento, es el Verbo: la palabra indiferenciada. Esta\npalabra hay que llevarla al plano de la conciencia, al plano de la luz. El\nhombre en este af\u00e1n (y digo \u201chombre\u201d en sentido estricto y literal), quiere\nllevar a ese plano consciente, no solo a los elementos de la creaci\u00f3n, sino\nincluso a su propia Anima, su n\u00facleo emocional, aquello que lo anima, lo nutre\nlo vincula. No en balde los sabios Leroi y Gourham, nos interpretan ese\nmomento, con la salida de Eva del costado de Adan. Dicen Leroi y Gourham, que\nlos aspectos puramente inmanentes del hombre, ser\u00e1n invisibles o imposibles de\nver, si no hay reflejo, trascendencia. Eva, o el elemento femenino-emocional,\nse encontraba totalmente integrado e indiferenciado en el ser humano en lo m\u00e1s\nhondo de s\u00ed. El hombre, en su pretensi\u00f3n de confiar solamente en el aspecto\nluminoso-racional, saca hacia afuera, es decir trasciende este elemento\ninmanente hacia el afuera para verlo, para poder mirarlo. Esto implica de\nmanera casi irrevocable la sensaci\u00f3n, de separaci\u00f3n, de que el todo y nosotros\nestamos diferenciados a trav\u00e9s de la conciencia individual. Eva seduce, al\nhombre, Lo lleva a la \u201ctrampa\u201d con la dulzura del fruto de ese \u00e1rbol, para que\nacceda de manera definitiva, a la luz del entendimiento, a la conciencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\"><em>Pero el hombre ha\npecado contra su propia consistencia, pues al sacar hacia el afuera el aspecto\nemocional que lo conforma, estar\u00e1 condenado a entender desde una percepci\u00f3n\npuramente racional, parcial, anal\u00edtica, donde solo hay luz. De todas maneras la\nresonancia con Ariadna y Teseo se me antoja asombrosa. Es Ariadna quien lleva a\nTeseo de regreso a la luz, luego de su llegada al centro del laberinto. En el\ncaso de Eva (o \u00e1nima), es ella tambi\u00e9n quien lleva a Ad\u00e1n a la conciencia, es\ndecir a la luz, desde ese centro o \u201cAxis Mundi\u201d de cuyo punto giratorio y\ncentr\u00edfugo (o su reverso centr\u00edpeto) sale la fuerza vinculante desde el adentro\no hacia el afuera, de toda la creaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\"><em>Al darle el fruto\ndel bien y del mal, ella le muestra ambos aspectos unidos por el fruto, tal y\ncomo Ariadna le otorga a Teseo el hilo conductor, el v\u00ednculo, el nudo. En el\ncaso de Ad\u00e1n, este solo vera la divisi\u00f3n, no la uni\u00f3n, pues esta despojado,\ncondenado a no ver tambi\u00e9n y simult\u00e1neamente desde ese otro aspecto de la\nconciencia: \u201cla conciencia emocional\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">El eco de ese \u00e1rbol del bien y del mal (\u00e1rbol escindido como dijimos)\nser\u00e1 la cruz, donde todo converge, centro donde el ser humano bajo el s\u00edmbolo y\nla figura de Jes\u00fas habitar\u00e1 como recept\u00e1culo de confluencias. Aqu\u00ed y ya para\nterminar, Armando nos regala tal vez la mejor vivencia an\u00edmica de su retiro (o\nm\u00e1s bien encuentro). Bajo el ritual de auto-mirarse, de verse a s\u00ed mismo en el espejo,\nesa la alternancia entre lo inmanente y lo\ntrascendente, la sensaci\u00f3n de individualidad y al mismo tiempo la sensaci\u00f3n de\nformar parte de \u201cUn Todo\u201d, la necesidad de trascender lo inmanente para verlo\ncon los ojos y su reverso: hacer inmanente lo trascendente para entenderlo con\nel alma. Concurre aqu\u00ed adem\u00e1s el hecho de escucharse a s\u00ed mismo,\nescuchar la resonancia del alma, ese \u201cMantra\u201d que Armando hace a trav\u00e9s de la\nrepetici\u00f3n ondulante y ondulada de la palabra <strong><em>Obrar<\/em><\/strong><em>: \u201ceste es el vocablo escogido. Me dedico a pronunciar, mentalmente,\ny&nbsp; en voz baja y en voz alta, desde todos\nlos estratos rec\u00f3nditos de mi interioridad convertida en conciencia, ese\ninfinitivo que no solo sintetiza para m\u00ed aquellos p\u00e1rrafos del El Anticristo\nsino que, igualmente,&nbsp; me devuelve a una\nvieja y querida convicci\u00f3n m\u00eda: o se entiende el Evangelio como praxis&nbsp; o no se lo comprende en absoluto\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">Ante la pregunta\n\u00e9tica sobre lo bueno y lo malo en el obrar, Jes\u00fas responde: <em>Por\nsus frutos los conocer\u00e9is. \u00bfAcaso se recogen uvas de los espinos, o higos de\nlos abrojos?<\/em><em>\nAs\u00ed, todo buen \u00e1rbol da buenos frutos, pero el \u00e1rbol malo da\nfrutos malos. No puede el buen \u00e1rbol dar malos frutos,\nni el \u00e1rbol malo dar frutos buenos. Todo \u00e1rbol que no da buen fruto, es cortado\ny echado en el fuego. As\u00ed que, por sus frutos los conocer\u00e9is.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">No\npuedo terminar sin evocar la imagen de Armando sentado bajo el amparo del\ntronco de un gran \u00e1rbol, en un video documental confesional que le hiciera el\ncineasta Alejandro Rodr\u00edguez, mientras recitaba a viva voz el poema \u201cLa m\u00edstica\nde los \u00e1rboles\u201d. En esos d\u00edas, viendo el documental, tuve un sue\u00f1o que hoy\nmezclo en una correspondencia de comuni\u00f3n, para sentarme con \u00e9l debajo del\n\u00e1rbol y compartir el pan de la tierra y el vino de sus frutos: <em>Anoche\nso\u00f1\u00e9 que era un \u00e1rbol\u2026 los \u00e1rboles est\u00e1n arraigados a la tierra, pero se mecen\nal ritmo de los vientos. Ellos no fuerzan nada, no obligan, no perturban. Se\nelevan en silencio. No andan pregonando nada ni ofreciendo en alta voz la\ndulzura de sus frutos. No piden ni exigen nada a cambio, ni espera que se\nsienten a ver sus ramas y sus flores. No importa c\u00f3mo, ni por qu\u00e9, pero a\u00fan a\naquellos que temen o denigran de su tronco a la plena luz del mediod\u00eda, ofrecen\nel sosiego y la tranquilidad de su sombra.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify\">He aqu\u00ed tambi\u00e9n pues el fruto apasionado, el reverso del fruto del \u00e1rbol\ndel bien y del mal: El fruto del \u00c1rbol de la Vida, donde al probarlo, en lugar\nde escindirnos, ejecutamos las bodas interiores y sagradas. Fruto que se trasforma\nen vino. El retorno de ese fruto original e inocente que endulza nuestra boca,\npara transformarse y transformarnos: <em>el\nprimer acto taumat\u00fargico de Cristo consisti\u00f3 en la transformaci\u00f3n, dentro del\nmarco de una fiesta nupcial, del agua destinada a los rituales de purificaci\u00f3n\nen el vino de la alegr\u00eda: finaliza la obsesi\u00f3n por la mancha culp\u00e1bilizadora&nbsp; a ser purificada mediante el rito y el\nsacrificio, y empieza a escucharse el <strong>e-vanggelion,<\/strong>\nes decir, la buena noticia de la ebria libertad del gozo, que nos devuelve al\npaladeo de la inocencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Edgar Vidaurre<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bendita seas, poderosa Materia, evoluci\u00f3n irresistible, realidad siempre naciente, t\u00fa que haces estallar en cada momento nuestros esquemas y nos obligas a buscar cada vez m\u00e1s lejos la verdad. 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