{"id":1083,"date":"2017-05-25T06:54:32","date_gmt":"2017-05-25T06:54:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.edgarvidaurre.org\/?page_id=1083"},"modified":"2018-02-24T00:55:53","modified_gmt":"2018-02-24T00:55:53","slug":"diario-de-un-piano-abierto-las-masurkas-de-chopin-o-la-diafanidad-de-las-sombras-24-de-mayo-2017","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/edgarvidaurre.org\/?page_id=1083","title":{"rendered":"Diario de un piano abierto&#8230;Las masurkas de Chopin, la lluvia o la diafanidad de las sombras. 24 de Mayo 2017"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"twitter-share\"><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?via=evidaurre\" class=\"twitter-share-button\" data-size=\"large\">Tweet<\/a><\/div>\n<p style=\"text-align: right;\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-large wp-image-1084\" src=\"https:\/\/www.edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Frederic_Chopin_photo-714x1024.jpeg\" alt=\"Frederic_Chopin_photo\" width=\"714\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Frederic_Chopin_photo-714x1024.jpeg 714w, https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Frederic_Chopin_photo-209x300.jpeg 209w, https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Frederic_Chopin_photo-768x1102.jpeg 768w, https:\/\/edgarvidaurre.org\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/Frederic_Chopin_photo.jpeg 1014w\" sizes=\"(max-width: 714px) 100vw, 714px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">diafanidad&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>El rostro abajado <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 60px;\"><em>Los hombros suavemente incrustados en la penumbra. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 60px;\"><em>Ella me pregunta que es la diafanidad. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 60px;\"><em>Esa cualidad de algunos cuerpos para dejar pasar la luz. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 60px;\"><em>M\u00e1s abrirse a la luz no es un oficio o una actitud. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 60px;\"><em>Porque como dec\u00eda el poeta &#8220;vivir es iluminar&#8221;. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 60px;\"><em>Ella en cambio se abre en la sombra para que yo la ame. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 60px;\"><em>Y hay algo que relumbra en ese momento infinito. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 60px;\"><em>No, no es la transparencia. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 60px;\"><em>Es el fulgor. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 60px;\"><em>Y el alma tiembla entonces como la luz de esa vela.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00edas y noches de mayo. En una salida del espacio-tiempo que se rige por el afuera, me he sentado en el centro del sosiego para retomar el v\u00ednculo con el piano (y la lluvia). La sonoridad de la lluvia nocturna, a pesar de evocar algo insondable, c\u00f3smico y vertido en la intemperie, tiene el atributo \u00edntimo de empapar, de fundirse con otras manifestaciones de la percepci\u00f3n: el olor, la textura que adquiere la mirada a trav\u00e9s de su filtro que nos hace ver aun lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de esa mirada, pero sobre todo, logra fundir en un sola vivencia, lo percibido de manera sensible con lo presentido a trav\u00e9s del alma. Lo que desciende del cielo como la lluvia, posee el atributo din\u00e1mico de descender suavemente, en vertical para luego permearse hacia adentro y hacia afuera, pero sobre todo (y en su representaci\u00f3n m\u00e1s humilde, esa \u00faltima gota) hacia la hondura. En este caso la met\u00e1fora an\u00edmica hace que el alma se vea como un cauce. El alma es c\u00f3ncava, recibe las aguas del cielo y a trav\u00e9s de sus riveras, convierte lo inasible en algo que nos pertenece en su fugacidad. Entonces, esas otras aguas, las m\u00e1s secretas fluyen, para revelar su cualidad de hacer di\u00e1fanas a las sombras de los \u00e1rboles, de transparentar la materia, de revocar la lejan\u00eda de los horizontes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recomienzo por donde el \u00e1ngel hab\u00eda quedado suspendido, con Chopin y sus inefables Masurkas. Las Masurkas de Chopin, aunque conservan la formalidad r\u00edtmica de la danza polaca tradicional y su car\u00e1cter claramente refinado, no tienen la misma levedad o casi desd\u00e9n de la Masurka que se bailaba en las cortes de casi toda Europa. La Masurka Chopiniana tiene otras vertientes y su cuerpo an\u00edmico y r\u00edtmico adquiere o \u201crecobra\u201d otra cualidad; una transfiguraci\u00f3n de la propia danza hacia adentro, para resurgir luego desde la m\u00e1s \u00edntima hondura, expresando algo que ser\u00eda imposible verbalizar\u2026 dir\u00eda incluso que solo se puede bailar de manera ritual, sagrada, hierog\u00e1mica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque he descubierto que la vertiente Chopiniana surge de las evoluciones m\u00e1s internas y secretas del alma, en un fluir emocional de extrema pureza y sin determinaciones externas ni producto del choque existencial: &#8220;Algo as\u00ed como el claro sonido del agua desde sus vertientes, pasando en sus evoluciones por la pasi\u00f3n m\u00e1s depurada, hasta el sonido m\u00e1s delicado y tenue que exhala una gota de lluvia, conteniendo en su recorrido, todos los matices e iridiscencias posibles\u201c, en sus Masurkas, este fluir viene revestido de una revelaci\u00f3n compartida, dentro de una vivencia amorosa donde el yo sufriente y aislado deviene en un yo danzante, sin que se pueda distinguir si la misma es so\u00f1ada o vivida dentro de la realidad parcial o conflictiva que rompe la uni\u00f3n conformada por una realidad m\u00e1s abarcante entre el adentro y el afuera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el caso de Chopin, ese <strong><em>ostinato<\/em><\/strong> r\u00edtmico y tambi\u00e9n mel\u00f3dico del 3\/4 o del 3\/8, se sale de lo binario para dar ese triple paso que unificar\u00e1 y transformar\u00e1 (potencia, energ\u00eda y forma), revelando algo m\u00e1s que la pureza emocional en su versi\u00f3n m\u00e1s abstracta. Aqu\u00ed la danza involucra al cuerpo, a la materia, a lo visible, en ese fluir. Pero en este caso, la cesura ternaria de la Masurka (tanto en sus verdaderos or\u00edgenes, como en la advocaci\u00f3n chopiniana) no tiene la levedad perif\u00e9rica del vals de sal\u00f3n, o de la propia Masurka que se danzaba en las cortes, sino la cualidad an\u00edmica de un ritual de uni\u00f3n entre alma y cuerpo, entre sue\u00f1o y la vivencia determinada por el afuera, entre &#8220;todos&#8221; los opuestos, al modo de las danzas rituales y primarias que ejecutaba el ser humano para provocar esas conexiones revestidas de una fuerza amorosa de gran hondura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escuchando en primera instancia estas danzas que fluyen del alma atardecida (o quiz\u00e1 amanecida) de Chopin, siento una profunda evocaci\u00f3n con las danzas estacionales que ejecutaban las culturas antiguas como la hind\u00fa, las del Asia Menor, pero sobretodo y de manera particular, las danzas hebreas que se describen en la Mishna del Talmud (tal vez por la mezcla de lo festivo que se celebra o conmemora en medio de una profunda nostalgia). Esas danzas que presid\u00edan o finalizaban las festividades, como las estacionales que celebraban los ciclos terrestres y su determinaci\u00f3n con el Dios creador, la eclosi\u00f3n de las primaveras, la promesa floral de la tierra, la lluvia que fecunda la semilla en ella, &nbsp;la luz estival que la transformar\u00e1 en el amarillo de los campos, el tiempo de la siega, la vendimia de los frutos y la concordia de la naturaleza con Dios en el invierno. Estas uniones que se expresaban y simbolizaban a trav\u00e9s de la danza, alcanzaron una significaci\u00f3n m\u00e1s sagrada en las ceremonias danzantes jud\u00edas que se ejecutaban en los esponsales y en los matrimonios, replicando la \u201chierogamia sagrada\u201d, tambi\u00e9n en las danzas m\u00edsiticas jas\u00eddicas, pero sobre todo en las danzas \u201cDav\u00eddica\u201d, en donde el propio Rey David se revest\u00eda de una actitud receptiva, y de entendimiento de las fuerzas femeninas de la creaci\u00f3n, para danzar ante el Arca que signaba la Alianza entre el hombre y Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta evocaci\u00f3n encontr\u00f3 en mi coraz\u00f3n una respuesta reveladora, al profundizar en la vida de Chopin, y de su vertiente an\u00edmica. Justamente en el umbral de su adultez, este ni\u00f1o-hombre, este &#8220;David&#8221;, se escapaba del tiempo social y urbano de su ciudad natal, \u017belazowa Wola en el Gran Ducado de Varsovia, para fundirse con la luz de la campi\u00f1a polaca de Szafarnia, una aldea de campesinos polacos-jud\u00edos, localizada cerca de Golub-Dobrzy\u0144. En la casa solariega de los nobles Dziewanowscy Chopin pas\u00f3 sus vacaciones verano-oto\u00f1o en los a\u00f1os 1824 y 1825. Con el joven Federico Dziewanowscy &nbsp;y otros amigos se escapaban a los campos a mezclarse con la naturaleza y con las faenas de cosecha.&nbsp; Ah\u00ed pudo no solo presenciar, sino participar en las fiestas de la cosecha en Obrowo (1824) y en la misma Szafarnia (1825), al tiempo de empaparse de la lluvia estival y de la m\u00fasica y danza folkl\u00f3rica polaca durante las bodas en Bocheniec. No solamente escuchaba sino tambi\u00e9n acompa\u00f1aba al grupo de m\u00fasicos populares, tal y como lo describe en una carta a&nbsp;su padre: \u201cAl agarrar el arco polvoriento empec\u00e9 a&nbsp;tocar con tanta energ\u00eda que todos acudieron para ver a&nbsp;los dos Federicos, el primero tocando el viol\u00edn, el segundo haciendo sonar la basetla monocorde \u2026\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La impresi\u00f3n, o m\u00e1s bien la conmoci\u00f3n sensible y an\u00edmica que se fij\u00f3 con estas danzas en el alma del joven Chopin, fue indeleble. Es de este episodio sin duda que se conforma y se instala la imagen din\u00e1mica de los bailes rituales y estacionales de la campi\u00f1a polaca, que \u00e9l llam\u00f3 \u201cZydek\u201d y que los estudiosos nominaron como \u201cMazurka\u201d dado su referente inmediato en la <em>Masur<\/em> polaca y su derivaci\u00f3n m\u00e1s lenta llamada <em>Oberek<\/em>, que aunque eran (y siguen siendo) bailes rurales con estructura r\u00edtmica ternaria, no son exactamente esta derivaci\u00f3n posterior a la danza originaria polaco-jud\u00eda que Chopin describe y nomina como \u201cZydek\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi aproximaci\u00f3n personal en cuerpo y alma con estas Mazurkas, ha sido a trav\u00e9s de las cuatro primeras que integran el \u201cOpus\u201d 17, justamente del ciclo al que se remonta ese momento de la vida del joven Chopin en los campos de Szafarnia, y que forma parte de las primeras Mazurkas que escribi\u00f3 como recuerdo y expresi\u00f3n de esas vivencias. En una p\u00e1gina del diario de su hermana que narra el regreso de Federico en esos a\u00f1os, ella describe con precisi\u00f3n el estado an\u00edmico de su hermano, de la obsesi\u00f3n de este por las melod\u00edas y los ritmos vividos, pero sobre todo por la experiencia amorosa que tuvo Chopin en la \u00faltima noche de los festivales y de los rituales de la siega. Justamente en la \u00faltima noche de la cosecha se celebraban los bailes de los j\u00f3venes solteros, para que a trav\u00e9s de las miradas y la cercan\u00eda de los cuerpos, nacieran las uniones entre los hombres y las mujeres. Estas danzas, que como un eco de las danzas antiguas jud\u00edas, simbolizaban la uni\u00f3n de los opuestos, la uni\u00f3n entre la tierra y el cielo, coincid\u00edan casi siempre con la \u00faltima lluvia de verano y la primera del oto\u00f1o. Es ah\u00ed que \u00e9l establece y vive la primera (y tal vez la m\u00e1s cierta) de las experiencias amorosas, enmarcada sin duda en un contexto sagrado y trascendente. Chopin pasa entre miradas y baile todo el atardecer y la noche con una muchacha jud\u00eda de nombre Kadisha (la santificada). Con ella amanece y presencia el resurgimiento de la Aurora, la uni\u00f3n del cielo y de la tierra, expresado en el olor y la diafanidad de esa \u00faltima lluvia de verano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Chopin, nunca pudo regresar a su amada Szafarnia y jam\u00e1s volvi\u00f3 a ver a Kadisha, pero la vivencia qued\u00f3 fijada empapando en lo m\u00e1s secreto e interno de su cauce an\u00edmico. La ruptura y el exilio tan repentinamente devenidos y que lo obligaron a separarse de su tierra polaca para terminar sus d\u00edas en Francia, remarcaron a\u00fan m\u00e1s la huella o la \u201cherida\u201d. Adem\u00e1s de su hermana, y una vez en Francia, la gran confidente de Chopin, y la que verdaderamente conoc\u00eda el secreto m\u00edstico amoroso de sus Masurkas, fue la soprano Lina Freppa, mujer sensible a quien de manera simb\u00f3lica y elocuente Chopin le dedicara a la luz de las velas, el conjunto de las cuatro mazurkas Op. 17.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ya trascendiendo en este diario mi propio sentir (que el teclado hace resonar entre el alma sonora del piano, el alma sensible de Chop\u00edn y mi propia alma), quisiera tratar de darle dentro de lo inefable de la vivencia, alg\u00fan sentido a esas aguas internas que inevitablemente terminan aflorando en correspondencia amorosa a la gracia del cielo (o de la lluvia) pero sobre todo la cualidad de \u201cdiafanidad\u201d que mi propio \u201csecreto sagrado\u201d guarda en lo m\u00e1s profundo, esencial y nuclear de mi ser.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre las sesenta y una danzas que conforman el corpus de estas piezas, mi vivencia esta signada por la cuarta y \u00faltima de las Mazurkas Op. 17, cuya indicaci\u00f3n temporal y din\u00e1mica es de un <strong><em>\u201cLento ma non troppo\u201d<\/em><\/strong> con cadencias que fluct\u00faan entre lo extremandamente dulce y un v\u00e9rtice que dosifica esa dulzura con una ruptura dram\u00e1tica y casi fulminante. Sin duda esta pieza es una obra maestra dentro del logro o la forma del poema danzado. Todo viene del silencio y al silencio retorna, en una sobre-ratificaci\u00f3n de lo ternario. En este caso, la puerta por donde el silencio aparece y luego desparece, es curiosamente una secuencia cuaternaria. Cuatro compases hondos y misteriosos cuyo tempo es ternario: 3\/4 &nbsp;que cierra el cuarto comp\u00e1s con un tresillo, es decir tres sobre tres. De este \u00e1ngel o silencio que desciende inicialmente y queda en suspenso, surge entonces tal vez la m\u00e1s inolvidable de las melod\u00edas. Aunque Chopin la marca con un <em>\u201cEspressivo\u201d<\/em>, para mi viene revestida de un aura casi sobrenatural, pasando de una profunda cogitaci\u00f3n (no reflexiva sino puramente emocional y an\u00edmica), expresada en su din\u00e1mica por el mismo tema repetido sin variar, a la concreci\u00f3n de una imagen cada vez m\u00e1s real. Es el mismo tema, la misma cantinela nost\u00e1lgica que se basa y se expresa a s\u00ed misma, y que aun devolvi\u00e9ndonos la misma secuencia emocional, la devuelve profundamente transformada en cada retorno, desde lo vacilante, fr\u00e1gil, y casi susurrante, hasta llegar a un cl\u00edmax cargado de una irrupci\u00f3n fuertemente pasional y suspensiva. Este primer tema aunque es un reflejo an\u00edmico, no lo es a modo de espejo o de lago sosegado. La sensaci\u00f3n que deja es del paso de un dolor enterrado en lo m\u00e1s interno o inconsciente, a la conciencia del dolor ya trascendido, purificado, dir\u00eda que diafanizado por la herida que marca el umbral. El segundo tema en realidad es la variaci\u00f3n del primero, pero expresando en otro modo, el justo momento en &nbsp;el que el yo se sale de s\u00ed mismo para danzar con el otro. Se repite luego de una suspensi\u00f3n que se reitera &#8220;in crescendo&#8221; como si fuera un anhelo infinito, la cantinela que deviene en el tercer tema en tono mayor pero dentro de una din\u00e1mica a\u00fan m\u00e1s dulce y efusiva. La nueva secuencia emocional, se despliega en treinta compases (otra vez lo ternario) sosteni\u00e9ndose en un <strong><em>ostinato<\/em><\/strong>, cargado de erotismo, para culminar como dije en un cl\u00edmax de ruptura apasionada, casi insoportable. Luego, se retoma en un recorrido a la inversa el camino del sue\u00f1o o m\u00e1s bien de la enso\u00f1aci\u00f3n, para salir por la misma puerta silenciosa de cuatro hojas que se abre al paso de la misma cadencia ternaria, hasta retornar al silencio m\u00e1s abarcante que se puede percibir a\u00fan despu\u00e9s del silencio propio de la danza que acaba de difuminarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En opini\u00f3n de algunos&nbsp;eruditos de Chopin y del propio maestro Alfred Cortot, el cuerpo sensible y an\u00edmico de las Masurkas de Chopin y en especial las primeras cuatro que conforman el Op. 17, posee elementos de melod\u00edas orientales de car\u00e1cter lamentador, sobre todo porque recogen sin duda sonoridades de las danzas festivas y tradicionales jud\u00edas, que de una manera conmovedora, son capaces de amalgamar y fundir, aquello que por fuerza del alma se debe conmemorar y festejar, pero revestido y sostenido por una profunda y casi inexpresable nostalgia. Esa certeza de la promesa, que nunca llegar\u00e1, pues dejar\u00eda de ser promesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para cerrar estas p\u00e1ginas que considero, a pesar de compartirlas, muy \u00edntimas (incluso \u201csecretas\u201d), debo confesar que a trav\u00e9s de sus revelaciones, he podido asumir a\u00fan m\u00e1s (o un poco m\u00e1s) el verdadero sentido de la herida: esa puerta o umbral cuyo tr\u00e1nsito suaviza y transforma el dolor en belleza. En ella he reconocido tambi\u00e9n un poco m\u00e1s el rostro de mi &#8220;\u00e1nima&#8221;, tan parecido en su fulgor a la luz de una vela&#8230; pues como dec\u00eda el poeta, &#8220;vivir es iluminar&#8221;. Que el sentido de la lluvia y de la gracia que baja desde el cielo debe ser correspondido con esas otras aguas, que ahora fluyen con m\u00e1s libertad revelando su cualidad de hacer di\u00e1fanas las sombras de los \u00e1rboles de mi \u00faltimo y m\u00e1s antiguo bosque, de transparentar la materia especial\u00edsima del dolor&#8230; de vincularme con el mundo e integrarlo a partir del gesto humilde de aceptar danzando, la lejan\u00eda y la cualidad inalcanzable de los horizontes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/gdZ3-bZf318\" width=\"560\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>diafanidad&#8230; El rostro abajado Los hombros suavemente incrustados en la penumbra. Ella me pregunta que es la diafanidad. Esa cualidad de algunos cuerpos para dejar pasar la luz. 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